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Cómo no recuperarse

NUEVA YORK – Algunos pensaban que la elección de Barack Obama revertiría las cosas para Estados Unidos. Como no fue así, incluso después de la sanción de un gigantesco paquete de estímulo, la presentación de un nuevo programa para hacer frente al subyacente problema inmobiliario y varios planes para estabilizar el sistema financiero, algunos ya empiezan a culpar a Obama y a su equipo.

Obama, sin embargo, heredó una economía en caída libre, y difícilmente hubiera podido revertir las cosas en el corto tiempo que transcurrió desde que asumió la presidencia. El presidente Bush parecía un ciervo encandilado por los faros -paralizado, incapaz de hacer prácticamente nada- durante los meses anteriores a abandonar el cargo. Es un alivio que Estados Unidos finalmente tenga un presidente que puede actuar, y lo que ha estado haciendo marcará una gran diferencia.

Desafortunadamente, lo que está haciendo no es suficiente. El paquete de estímulo parece grande -más del 2% del PBI por año-, pero una tercera parte está destinada a recortes impositivos. Y, en un momento en que los norteamericanos enfrentan un excedente de deuda, un desempleo que crece rápidamente (y el peor sistema de compensación por desempleo entre los principales países industriales) y una caída de los precios de los activos, probablemente ahorren gran parte del recorte impositivo.

Casi la mitad del estímulo no hace más que compensar el efecto contraccionario de la reducción de personal a nivel estatal. Los 50 estados de Estados Unidos deben mantener presupuestos equilibrados. Los déficits totales se calculaban en 150.000 millones de dólares hace unos meses; hoy la cifra debe ser mucho mayor -de hecho, sólo California enfrenta un déficit de 40.000 millones de dólares.