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Cómo acabar con el hambre

ESTAMBUL/KUALA LUMPUR – El pasado septiembre, como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, los líderes mundiales se comprometieron a terminar con el hambre de aquí a 2030. Parece una tarea ciclópea, pero el mundo ya produce suficientes alimentos para todos. ¿Por qué subsiste el problema?

La pobreza y el hambre están estrechamente vinculados; por eso los ODS apuntan a la eliminación de ambos. Para una persona que vive con 1,90 dólares por día (la línea de la pobreza según el Banco Mundial), el alimento supone entre el 50% y el 70% de los ingresos. El Banco calcula que casi cuatro de cada cinco pobres del mundo viven en áreas rurales, a pesar de que estas albergan a menos de la mitad de la población mundial. La conclusión obvia es que para erradicar el hambre es necesario elevar en forma sostenible el nivel de ingresos de las zonas rurales.

Hacerlo no será fácil. La mayoría de los países en desarrollo hoy luchan contra altas tasas de desempleo y subempleo. Y es probable que, dado el desalentador panorama económico actual (sobre todo por la caída de precios de las materias primas) y la insistencia casi ubicua en la austeridad fiscal, la presión bajista sobre los ingresos rurales empeore.

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