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La inclusión financiera no puede esperar

KUALA LUMPUR – Poner el sistema financiero al alcance de los más pobres del mundo puede liberar su potencial económico y mejorar sus vidas, además de beneficiar a la economía en su conjunto. Por eso a nadie sorprende que la inclusión financiera de los pobres se haya convertido en un elemento importante dentro de la definición de políticas públicas. En todo el mundo, bancos centrales y autoridades reguladoras se han adelantado a añadir la inclusión financiera a la lista de sus prioridades, junto con sus responsabilidades tradicionales de mantener la estabilidad monetaria y financiera.

La inclusión financiera consiste en darles a 2.500 millones de personas no bancarizadas y con acceso insuficiente a servicios financieros una oportunidad de participar en el sistema financiero formal, lo que los ayudaría a salir de la pobreza e integrarse al sistema económico. Una mayor inclusividad del sistema financiero puede crear una sociedad más integrada y un modo de crecimiento y desarrollo más equilibrado.

Además, los sistemas financieros también saldrán beneficiados si amplían su alcance y se vuelven más progresistas. El ingreso de más consumidores al sistema financiero formal fortalecerá las economías nacionales y, a su vez, enriquecerá la economía mundial. De hecho, a medida que los países en desarrollo van alcanzando niveles de ingresos medios, la inclusión financiera es un elemento clave para que el progreso no se detenga.

En países con un alto nivel de exclusión financiera, los consumidores no tienen más alternativa que acudir a servicios informales no regulados. Estos sustitutos de inferior calidad suelen implicar costos exorbitantes para el deudor y plazos de financiación demasiado cortos para la inversión productiva. Además, la desprotección de los consumidores y la falta de marcos de regulación y supervisión dejan las actividades informales expuestas a vulnerabilidades que pueden perjudicar a los deudores y poner en riesgo la estabilidad financiera.