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Cómo alimenta Japón la inestabilidad financiera global

Durante los últimos años se ha puesto mucha atención al papel que desempeña el superávit comercial de China en la creación de los desequilibrios financieros globales actuales. Pero se ha dado muy poca consideración a la contribución de la política japonesa de tasas de interés cercanas a cero a estos trastornos. Puesto que la incertidumbre financiera está aumentando, es tiempo de que Japón cambie de rumbo.

La política de Japón de tasas de interés muy bajas inició en los años 1990 para poner un piso a la economía luego del estallido de la burbuja de los precios de los activos. Sin embargo, con el paso del tiempo esas tasas de interés muy bajas han fomentado un comercio de divisas altamente especulativo: los especuladores piden préstamos en yenes a tasas de interés bajas y después compran dólares y otras divisas para invertirlas en activos con mayores rendimientos en otros lugares.

Hay dos características clave de ese comercio de divisas. En primer lugar, contribuye a la depreciación del yen y la apreciación del dólar a medida que los especuladores abandonan el yen. En segundo lugar, incrementa la demanda global de activos, lo que genera una inflación en los precios de esos activos.

La depreciación del yen frente al dólar ha contribuido a perpetuar los grandes déficits comerciales de Estados Unidos con Japón. También ha presionado a otros países de Asia oriental a que subvalúen sus tipos de cambio para seguir siendo competitivos frente a Japón. Así, en vista de la subvaluación de la moneda china, las dos economías más importantes de Asia oriental han fijado tasas de cambio bajas en toda la región, aumentando con ello el superávit comercial regional a costa del empleo y el crecimiento en el resto de la economía global.