0

Cómo surgen las superpotencias económicas

Los disturbios anti-Japón a lo largo de China han elevado las tensiones en Asia. En efecto, la chinamanía, una mezcla de esperanzas pero sobre todo de temores está recorriendo el mundo debido al rápido crecimiento económico de China. ¿ Debe el mundo realmente estar más temeroso que esperanzado?

Los estadounidenses temen que sus mercados se inunden con los productos chinos. México, Brasil, Europa Central, Indonesia, y hasta Sri Lanka están preocupados por la competencia de la mano de obra barata. Los europeos pueden estar más contentos, con la creencia de que el mercado chino no sólo se abrirá a sus productos de ingeniería y a las herramientas y maquinaria que abastecerán al nuevo taller del mundo, sino también a los productos de lujo y hasta al turismo que demanda una nueva y pudiente clase media china. Todos sienten que se está dando un cambio sísmico.

Tales crecimientos industriales rápidos son poco frecuentes pero no inauditos. Las analogías más interesantes son la de Alemania, en el siglo XIX, y la de Japón en el siglo XX. Antes de esas épocas, Inglaterra era el prodigio de Europa. Lo que había sido una isla con mal clima en las costas del continente surgió como la principal economía del mundo, cuyos productos, desde los textiles hasta los equipos para ferrocarriles llegaron a dominar los mercados mundiales. Inglaterra fue pionera de la industrialización y quedó profundamente conmocionada por el atrevimiento de los recién llegados que pronto ingresaron a la misma etapa.

Sin embargo, para finales del siglo XIX, Alemania, con mano de obra mucho más barata, había superado a Inglaterra en la producción de acero y era líder sin discusión en las nuevas tecnologías de los bienes eléctricos, los químicos y las tintas, así como en muchos aspectos de la alta ingeniería. Pero Alemania también inundó los mercados con productos de consumo masivo: instrumentos musicales más baratos de lo que los fabricantes tradicionales en Francia o Italia podían producir, e impresos litográficos utilizados en las tarjetas de navidad y postales. En efecto, los productos alemanes eran omnipresentes. Cuando un iracundo escritor británico escribió una protesta titulada "Hecho en Alemania", empezó por registrar su malestar porque el lápiz que estaba usando era también un producto alemán.