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¿Cuán capitalista es Estados Unidos?

CAMBRIDGE – Si la frontera del capitalismo es con el socialismo, sabemos por qué el mundo acierta cuando ve a Estados Unidos como fuertemente capitalista. La titularidad estatal es baja y se la considera una aberración cuando ocurre (como las absorciones por parte del gobierno de General Motors y Chrysler en los últimos años, de las cuales los funcionarios quieren salir a toda prisa). El gobierno interviene en la economía menos que en la mayoría de los países avanzados, y los principales programas sociales como la atención médica universal no están tan profundamente arraigados en Estados Unidos como en otras partes. 

Sin embargo, éstas no son las únicas dimensiones a tener en cuenta cuando se juzga cuán capitalista es Estados Unidos realmente. Consideremos hasta qué punto manda el capital -es decir, los accionistas- en las grandes empresas: si surge un conflicto entre los objetivos del capital y los de los gerentes, ¿quién gana?

Analizado de esta manera, el capitalismo de Estados Unidos se vuelve más ambiguo. La ley estadounidense les da más autoridad a los gerentes y a los directores corporativos que a los accionistas. Si los accionistas quieren decirles qué hacer a los directores -digamos, pedir prestado más dinero y expandir el negocio, o cerrar la fábrica deficitaria-, bueno, no pueden hacerlo. La ley es clara: la junta de directores de la corporación, no sus accionistas, rige el negocio.

Algún ingenuo respecto de la manera en que funcionan las corporaciones estadounidenses podría decir que esas reglas son muy débiles, ya que los accionistas simplemente pueden elegir nuevos directores si los que están en el cargo son recalcitrantes. Siempre que puedan elegir a los directores, se podría pensar, los accionistas mandan en la empresa. Eso sería factible si la titularidad corporativa estadounidense fuera concentrada y poderosa, y si los accionistas importantes fueran dueños, digamos, del 25% de las acciones de una compañía -una estructura común en la mayoría de los otros países avanzados, donde con más frecuencia familias, fundaciones o instituciones financieras tienen ese tipo de autoridad dentro de las grandes empresas.