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La batalla fiscal en los Estados Unidos

BERKELEY – Las recientes elecciones presidenciales en los Estados Unidos dieron respuesta a la cuestión de si un aumento en los ingresos será parte del plan de reducción del déficit del país a largo plazo. La respuesta es sí: ahora hay un acuerdo entre los dos partidos sobre la necesidad de un enfoque “equilibrado” que incluya los aumentos de los ingresos y los recortes del gasto.

Sin embargo, aún hay fuertes divisiones políticas e ideológicas sobre cómo generar ingresos adicionales y quiénes deberían pagar impuestos más altos. Si no se logra un acuerdo preliminar sobre estos asuntos para finales de año, la economía se enfrentará a un “precipicio fiscal” de 600 mil millones de dólares en incrementos fiscales y recortes del gasto automáticos que reducirán el PIB en un 4% y desencadenarán una recesión.

La mayoría de los ciudadanos están de acuerdo con el presidente, Barack Obama, en que los aumentos de impuestos para reducir el déficit deben recaer en el 2% a 3% superior de los contribuyentes que son quienes han disfrutado los mayores aumentos de ingreso y riqueza en los últimos treinta años. Por ello, el presidente está proponiendo que las reducciones fiscales concedidas en 2001 y 2003 a esos contribuyentes expiren a final de año y que las otorgadas a los demás se prorroguen.

Hasta ahora, los opositores republicanos de Obama se obstinan en que las reducciones se mantengan para todos los contribuyentes con el argumento de que aumentar los tipos fiscales en los niveles superiores desalentaría la creación de empleo. Las evidencias no apoyan ese argumento. Según investigaciones recientes, no hay un vínculo entre las reducciones fiscales a los contribuyentes más ricos y la creación de empleo. En contraste, las reducciones al 95% restante tienen un efecto positivo y significativo en el crecimiento del empleo.