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La amenaza de Hong Kong para China

El eco de las manifestaciones de masas habidas en Hong Kong el mes pasado, cuando medio millón de residentes salieron en tropel a las calles para protestar contra el gobierno del Jefe Ejecutivo Tung Chee-hwa, aún no se ha apagado. Nunca en la historia de Hong Kong había levantado tanto la voz la oposición popular, que agrupa a banqueros de inversión, vendedores ambulantes, funcionarios fuera de servicio y artistas, entre otros. Los gobernantes comunistas de China están vacilando sobre cómo reaccionar.

Un objetivo de los manifestantes era expresar su deseo de elegir a los dirigentes futuros de Hong Kong mediante sufragio universal. En la actualidad 800 electores nombrados a dedo por el Gobierno chino del continente -la mayoría de los cuales representan a los grandes comerciantes- eligen al Jefe Ejecutivo de Hong Kong.

La impopularidad del incompetente y lisonjero Jefe Ejecutivo, elegido por China para un segundo mandato de cinco años, que no concluirá hasta 2007, plantea un grave dilema a los gobernantes comunistas del país. Antes de las protestas de julio, esperaban que Hong Kong brindara un ejemplo tan atractivo de la idea de ``Un país, dos sistemas'', que Taiwán se sintiera atraída por él y aceptase la soberanía del Gobierno de Beijing. Ahora los dirigentes de Taiwán señalan a Hong Kong como un modelo fallido de una concepción inadecuada.

De hecho, la sumisión ciega del Sr. Tung a los deseos reales o imaginados de los gobernantes de China reveló el fallo congénito de la arquitectura política consistente en unir una sociedad liberal con una dictadura. Dicho fallo infecta hasta el tuétano la idea de ``Un país, dos sistemas'': la de que pueda existir autonomía auténtica en un país cuyos dirigentes supremos no creen en el gobierno por consenso.