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Los disparates de China en Hong Kong

HONG KONG – Las masivas manifestaciones públicas organizadas por estudiantes y miembros jóvenes de la clase media que han sacudido a Hong Kong en las últimas semanas son, ostensiblemente, reclamos de democracia. Pero, en realidad, reflejan la frustración de una población que ha sido gobernada de manera ineficiente por una sucesión de líderes escogidos por el gobierno central de China más por su lealtad que por su competencia.

Por cierto, el casi levantamiento actual es la culminación de una larga serie de manifestaciones desde la entrega de Hong Kong por parte del Reino Unido a China en 1997, después de que Chris Patten, el último gobernador británico, no lograra persuadir a China de permitirle a Hong Kong establecer un gobierno democrático genuino.

A los ojos de China, la postura de Patten fue hipócrita, hasta ofensiva, considerando que los  británicos habían gobernado Hong Kong de manera autocrática. China creía que podría fácilmente administrar el mismo tipo de gobierno "liderado por el ejecutivo" que tanto le había redituado a Hong Kong durante 150 años de régimen británico.

Para aplacar a la población inquieta de Hong Kong -que incluía a muchos refugiados de China-, se incorporó la política de "un país, dos sistemas" en la constitución de la región, con la promesa a Hong Kong de "un alto grado de autonomía", excepto en asuntos exteriores y de defensa durante 50 años. De hecho, Hong Kong goza de muchas libertades de las que el resto de China carece, lo que incluye un sistema judicial que está guiado por el derecho común británico y es independiente de la rama ejecutiva.