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La homosexualidad no es inmoral

En los últimos años, los Países Bajos, Bélgica, el Canadá y España han reconocido los matrimonios entre personas del mismo sexo. Varios otros países reconocen las uniones civiles con un efecto legal similar. Un número aún mayor de países cuentan con leyes contra la discriminación basada en la orientación sexual de las personas, en sectores como, por ejemplo, la vivienda y el empleo. Sin embargo, en la mayor democracia del mundo, la India, las relaciones sexuales entre dos hombres siguen siendo un delito que se castiga, conforme a la ley, con la cadena perpetua.

Naturalmente, la India no es la única nación que conserva castigos muy severos para la homosexualidad. En algunas naciones islámicas –el Afganistán, el Irán, el Iraq, Arabia Saudí y el Yemen, por ejemplo-, la sodomía es un delito cuya pena máxima es la muerte, pero el mantenimiento de semejantes leyes resulta más fácil de entender en el caso de países que recogen enseñanzas religiosas en su legislación penal –por mucho que otros lo lamenten- que en una democracia secular como la India.

Quien haya visitado la India y haya visto los relieves sexualmente explícitos en los templos, tan corrientes en ese país, ha de saber que la tradición hindú tiene una actitud menos mojigata para con el sexo que el cristianismo. La prohibición de la homosexualidad en la India se remonta a 1861, cuando los británicos gobernaban ese subcontinente e impusieron en él la moralidad victoriana. Así, pues, resulta irónico que Gran Bretaña haya revocado hace mucho su propia prohibición similar, mientras que la India mantiene su ley como una reliquia colonial.

Por fortuna, en la India no se cumple la prohibición de la sodomía. Aun así, constituye una base para chantajes y acosos a los homosexuales y ha dificultado la labor de los grupos que imparten enseñanzas sobre el VIH y el sida.