0

Hogar, dulce segundo hogar

Siempre que hablo en conferencias económicas y financieras por el mundo, veo que un gran tema para iniciar la conversación con los cónyuges de los asistentes de mediana edad dedicados a los negocios es el de preguntar por su residencia de vacaciones. Entonces me veo entretenido con historias de preciosas puestas de sol en el océano contempladas desde el porche, vistas de extensiones de coloridas flores silvestres en laderas de montañas y felices reuniones familiares en lugares hermosos y aislados (además de problemas de fontanería).

Años atrás, nunca preguntaba yo por las residencias de vacaciones. Nunca parecían interesar tanto a la gente. Las compras de segundas residencias para su disfrute estaban limitadas a los ricos, por lo que no parecían tanto un tema de conversación para las personas comunes y corrientes dedicadas a los negocios a las que veo en esas conferencias.

Pero ahora el mundo está experimentando un auge de las segundas residencias: un número cada vez mayor de personas están comprando residencias de vacaciones en lugares hermosos y divertidos que se encuentran a unas horas de vuelo de su primera residencia y su trabajo. Sus segundas residencias son un refugio en el que pasan sólo una pequeña parte del año y últimamente se están cubriendo impolutas crestas de montañas y acantilados marinos con nuevas residencias, salpicadas aquí y allá, para atender la demanda.

Un estudio de la Asociación Nacional de Agencias Inmobiliarias (NAR) indica que el 13 por ciento de todas las compras de casas en los Estados Unidos en 2004 fueron residencias de vacaciones. En ese porcentaje no van incluidos quienes adquirieron casas como propiedades de inversión, la mayoría destinadas al alquiler. Según la NAR, los que compran para invertir representan otro 23 por ciento de las ventas inmobiliarias, con lo que las compras de segundas residencias ascienden al 36 por ciento del total.