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El síndrome de Tartufo de François Hollande

LONDRES – En su comedia clásica Tartufo o el Impostor, Molière muestra que  permitir que sea el orgullo, en lugar de la razón, el que dicte nuestras acciones acaba sin falta mal. El Presidente de Francia, François Hollande, parece tener un caso avanzado de la enfermedad de Tartufo, al formular repetidas veces promesas políticas que no puede cumplir, en parte por factores que están fuera de su control –a saber, la Unión Monetaria Europa (UME) –, pero sobre todo porque carece de determinación.

Para Francia, las consecuencias de los fracasos de Hollande serán mucho más dramáticas que su caída política. De hecho, el país podría afrontar una catástrofe, pues las acciones de Hollande podrían enfangar la economía en un estancamiento sostenido e incitar a un público francés cada vez más irritado a elegir como sucesora suya a Marine Le Pen, del Frente Nacional de extrema derecha.

Las políticas económicas de Francia son insostenibles, lo que quiere decir que sus principales factores determinantes, la UME y el planteamiento de Hollande, deben cambiar radicalmente. Hasta ahora no parece estar sucediendo así.

En fecha anterior de este mes, una encuesta de opinión mostró que el porcentaje de aprobación de Hollande había caído hasta el 12 por ciento –el peor resultado de un Presidente de Francia en la historia de las encuestas modernas– desde un –ya pésimo–  27 por ciento de tan sólo un mes antes. El mismo día, Hollande ofreció una larga entrevista televisada en la que combinó reconocimientos del fracaso con nuevas promesas.