Hillary está de vuelta

NUEVA YORK – A ver, ¿por qué lo hizo? ¿Qué llevo a Barack Obama a recurrir a su ex adversaria, Hillary Clinton, para que se desempeñe como secretaria de Estado, el rostro y la voz de su política exterior, su emisario ante el mundo?

Existen muchas explicaciones posibles. Se podría pensar que está aplicando el viejo adagio que dice: “Mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos más cerca”. De una vez, Obama asume el control de la máquina política Clinton: la red, los donantes y el electorado. Y neutraliza la famosa capacidad de los Clinton para contraatacar de manera corrosiva y acaparar exageradamente la escena –el tipo de actitud que llevó a que Al Gore y Bill Clinton apenas se dirigieran la palabra durante la campaña presidencial de 2000-. Con esta designación, Obama hace que las armas grandes dejen de apuntarle a él –y las direcciona hacia fuera-. Una táctica astuta.

También se podría pensar que lo hizo para asegurarse el voto femenino. Ni un solo demócrata ganó la Casa Blanca sin una brecha de género sustancial. Pero las encuestas a boca de urna y los datos demuestran que Obama ya cuenta con el respaldo de una fracción desproporcionada de mujeres norteamericanas. (La verdadera noticia en su victoria fue que consiguió un puñado de hombres blancos, que rara vez apoyan a un demócrata”).

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