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Adiós por ahora, Hillary

TOKIO – A F. Scott Fitzgerald pertenece conocida frase de que “no hay segundos actos en las vidas de los estadounidenses”. La impresionante (y creo que aún inacabada) trayectoria de Hillary Clinton -de Senadora y Primera Dama a precandidata presidencial de Estados Unidos, y luego Secretaria de Estado en el gobierno del hombre que la había derrotado)- demuestra que el escritor estaba muy equivocado.

Hoy, cuando Clinton se apresta a dejar su cargo, se especula incesantemente que intentará suceder al Presidente Barack Obama en 2016. No solo ha tenido un segundo acto, sino también un tercero… y millones de estadounidenses desean que escriba un cuarto.

Sus cuatro años como jefa de la diplomacia estadounidense le han dado una merecida estatura de icono en todo el mundo. Bajo su supervisión, se han hecho las gestiones para ir poniendo fin a dos de las guerras más largas de la historia de EE.UU., el país ha reforzado sus alianzas, y se ha estimulado a las jóvenes de todo el mundo a que intenten hacer realidad sus sueños, ya sea en el mundo académico, los negocios o la política. Su gestión la ubica entre los grandes secretarios de Estado de posguerra: Dean Acheson, Henry Kissinger y James Baker.

El cargo de secretario de estado tiene un alcance realmente global. No solamente exige una visión coherente de cómo funciona el mundo y el lugar que ocupan los intereses estadounidenses en el orden internacional, sino además extraordinarias capacidades políticas, vigor, sentido de la oportunidad y, sobre todo, valentía. Clinton ha hecho uso de todas estas virtudes para alcanzar sus mejores efectos posibles.