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Alta tensión en Bélgica y Holanda

Bélgica y Holanda, dos miembros fundadores de la Unión Europea, están cada vez más divididos en cuanto a lo que ese proyecto significa actualmente. El Tratado de Reforma de la UE es ahora el foco de esa disputa, pero sus raíces son más profundas. En cierto momento el pleito se hizo tan grave, según informes de prensa, que el Presidente francés Nicolas Sarkozy tuvo que intervenir.

Europa no puede permitirse un altercado entre estos dos Estados miembros, así que ya es hora de dejar las emociones de lado y examinar las diferencias sobre el rumbo futuro de la integración europea. Como ex Secretario de Estado holandés de asuntos europeos y coordinador del Benelux, creo que Holanda y Bélgica pueden desempeñar una vez más papeles complementarios.

Desde el principio, estos países han representado los diferentes aspectos de la identidad europea: Bélgica como país industrial, orientado al continente, bilingüe e intermediario con la Europa meridional, y Holanda con su firme tradición agrícola y comercial y su orientación anglosajona y atlántica.

De los dos, Bélgica tiende a ser el que más apoya a la UE sin criticarla. Las encuestas muestran que el 80% de los belgas quieren aún más integración, mientras que aproximadamente el 50% de los holandeses se describen a sí mismos como euroescépticos. Valoran a la Unión por sus beneficios económicos pero se muestran recelosos de su política.