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Gobernando un mundo sin orden

WASHINGTON, DC – ¿Podemos desarrollar un orden internacional que mantenga la paz y les permita a los países jugar según sus propias reglas? Ese es el interrogante que Henry Kissinger plantea en su nuevo libro World Order. Desafortunadamente, es la pregunta equivocada.

Según la definición de Kissinger, "orden mundial" es un concepto de meros acuerdos internacionales "pensado para aplicarse a todo el mundo". Antes de la llegada de la Unión Europea, por ejemplo, Europa concebía al orden mundial como un equilibrio de las grandes potencias, en el que podían convivir múltiples religiones y formas de gobierno.

Como civilización y religión, el Islam concibe el orden mundial óptimo de manera muy diferente -como un califato, en el que la fe y el gobierno están entrelazados y la paz prevalece a través de Dar al-Islam, o la casa del Islam-. Esa, por cierto, no es la creencia de todos los musulmanes o de los gobiernos de estados mayoritariamente musulmanes, pero el radicalismo abrazado por grupos como el Estado Islámico intenta diseminar no sólo códigos de conducta sino toda una visión del mundo.

En la opinión de Kissinger, están surgiendo concepciones opuestas del orden mundial no sólo en Oriente Medio, sino también en Asia. China actualmente está jugando según las reglas internacionales, pero cada vez más da a entender que espera ser tratada como el primero entre los pares de la región (la misma insistencia de Estados Unidos durante mucho tiempo respecto de su posición en América). Pero, conforme China se vuelve más fuerte y exige lo que, a su entender, es su posición histórica en Asia y el mundo, ¿cuánto tiempo esperará para insistir en la reformulación de las reglas internacionales?