Arctic oil drilling Anadolu Agency/Getty Images

Prohibir el uso de combustibles pesados en el Ártico

LONDRES – Hace ya treinta y cinco años, como parte de una expedición global, Charles Burton y yo cruzamos el Océano Ártico a través del Polo Norte, acampando durante tres meses en un témpano a la deriva. Para nosotros fue un viaje que definió nuestras vidas y formó parte de un duradero record mundial.

Sin embargo, otro record mucho menos estable pertenece al Ártico mismo: para marzo de este año, su capa de hielo se había reducido al menor tamaño jamás registrado.

El uso de combustibles fósiles es una de las causas de la desaparición del hielo polar, no solo porque contribuyen al calentamiento global, sino también por el efecto más inmediato de la dependencia generalizada del petróleo pesado (HFO) para repostar barcos. El HFO es barato y abundante, pero también tóxico y sucio. Cuando los barcos navegan por el Ártico, depositan sobre el hielo y la nieve contaminantes como el óxido sulfúrico y el carbono negro. La acumulación de contaminantes acelera el derretimiento de la nieve, lo que aumenta la temperatura de las aguas oceánicas y, a su vez, crea un círculo vicioso que causa más derretimientos.

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