solana145_Nathan PosnerAnadolu Agency via Getty Images_biden Nathan Posner/Anadolu Agency via Getty Images

Un actor necesario

MADRID – "¿En qué momento, pues, cabe esperar la llegada del peligro? Respondo que, si alguna vez nos llega, surgirá de entre nosotros. No puede venir del exterior. Si la destrucción es nuestra suerte, nosotros mismos seremos su autor y su finalizador". Así vaticinaba Abraham Lincoln, en su célebre discurso de 1838 titulado "La Perpetuación de Nuestras Instituciones Políticas" que, en caso de darse, el ocaso de los Estados Unidos no vendría como consecuencia de una amenaza del exterior, sino por disfunciones internas.

En momentos de gravedad histórica, las inquietudes de los grandes líderes norteamericanos suelen impregnar la retórica de la política estadounidense. Tras meses de preparación, Joe Biden expresó la misma preocupación por la democracia estadounidense en un reciente y mediático discurso en el Independence Hall de Filadelfia, el lugar donde se debatió y adoptó la Declaración de Independencia en 1776. El título del discurso – La Batalla Continua por El Alma de la Nación – no engaña en cuanto al momento histórico por el que atraviesa la sociedad norteamericana.

La salud política de la primera potencia mundial es fundamental para la estabilidad global. En este sentido, tampoco hay que remontarse muy atrás en el tiempo para darse cuenta de que lo que pasa en la política interna de la primera potencia mundial – para bien y para mal – acaba condicionando en gran medida la estabilidad internacional en su conjunto. Dicho en los términos más claros posibles, ninguno de los grandes problemas globales a los que nos enfrentamos podrán ser abordados en las organizaciones multilaterales de manera eficaz sin la estabilidad política de los EE. UU.

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