0

Autocuración por Internet

NUEVA YORK –La atención de salud en los Estados Unidos está experimentando un fenómeno interesante y totalmente independiente de lo mucho que se habla sobre los cambios en el sistema de seguros de enfermedad del país: las personas están empezando a hacerse cargo de su salud e intentando evitar la posibilidad de necesitar atención en primer lugar. Del mismo modo que hace mucho las computadoras centrales institucionales quedaron substituidas por las personales, ahora se está haciendo lo mismo con los instrumentos institucionales e individuales, respectivamente, en materia de salud: no para tratar enfermedades graves, como, por ejemplo, el cáncer, desde luego, sino para la vigilancia y la prevención diarias.

Diversas tendencias están contribuyendo a que así sea. En primer lugar, está resultando claro que muchos problemas de salud son autoinducidos: demasiada comida y bebida insanas, demasiado tabaco, demasiado pocas horas de sueño o de ejercicio. Esa idea en modo alguno es nueva, pero ahora resulta más fácil seguir la pista al comportamiento personal. Del mismo modo que podemos utilizar programas informáticos para gestionar nuestro dinero, podemos recurrir a diversos instrumentos informáticos para supervisar nuestro comportamiento y las estadísticas relativas a nuestro cuerpo.

Chicago Pollution

Climate Change in the Trumpocene Age

Bo Lidegaard argues that the US president-elect’s ability to derail global progress toward a green economy is more limited than many believe.

Muchos de dichos instrumentos fueron concebidos por sus autores para sí mismos. Por ejemplo, J. J. Allaire fundó la aplicación de iPhone Lose It! para la pérdida de peso y pasó de 88 a 77 kilos y durante ese proceso consiguió 4,5 millones de usuarios. Como los fundadores de Homebrew Computer Club, un grupo fundamental de “monstruos” de la informática de Berkeley que se agruparon en el decenio de 1980, muchos comenzaron improvisando artilugios y más adelante comprendieron que habían dado con una oportunidad comercial. Muchos de esos nuevos investigadores “caseros” en materia de salud se reúnen en Quantified Self Meetups, donde algunos hacen demostraciones de sus programas informáticos y otros acuden a aprender o comparar datos mutuamente.

Los instrumentos que utilizan comprenden desde podómetros/acelerómetros, que registran los pasos y el movimiento (de Nike, FitBit y demás), hasta registros del sueño (MyZeo), controladores del pulso y del corazón y también de la glucosa (principalmente para diabéticos). También hay quienes cuentan y calculan su consumo de alimentos. Así como podemos utilizar la computadora para gestionar nuestras finanzas, conforme a un presupuesto, podemos hacerlo para administrar nuestro cuerpo.

Lo que se espera es que los datos nos ayuden a modificar nuestro comportamiento en la dirección correcta. Yo, por mi parte, me comporto ya bastante bien: nado durante cincuenta minutos al día, me limpio los dientes sin falta con hilo dental, como con sensatez y demás. Pero, ahora que uso el controlador del sueño de MyZeo (¡duermo bien!), he notado un cambio marginal en mi comportamiento, cuando salgo de noche. A veces, estoy más motivada para volver temprano a casa, ¡al prever puntos de sueño suplementarios por la mañana! No es gran cosa, pero es el tipo de cambio que con tiempo acaba contando.

Los instrumentos sociales son aún más eficaces, en potencia, mediante la llamada “dinámica de juegos”, es decir, que así como podemos ganar puntos colaborando con otros en videojuegos como World of Warcraft, así también podemos ganar puntos compitiendo o colaborando con nuestros amigos en materia de comportamiento saludable. Hay servicios que convierten la salud en un juego en serio en el que los otros pueden reforzar nuestra fuerza de voluntad.

Imaginemos un club de salud que no nos amenace, sino que nos envíe un mensaje: “Juan y Alice te estarán esperando hoy a las 4 de la tarde para que te unas a ellos en el levantamiento de pesos”. O: “Tu equipo sólo tiene cuatro puntos menos que el equipo azul. Por favor, ¡ven a ayudarnos a ganar!” Un servicio ya existente en el que me propongo invertir, www.GetUpandMove.me, nos permite desafiar a un amigo: “Yo nadaré durante 50 minutos, si Alice corre alrededor de la manzana cuatro veces”. Se expone el desafío en Facebook o Twitter y lo ideal es solicitar que nuestros amigos nos animen.

En este momento, ese mercado es incoherente, muy parecido al de los primeros tiempos de las computadoras personales. Las diferentes aplicaciones no hablan unas con otras; resulta difícil hacer cuadrar nuestro ejercicio con nuestras modalidades de sueño o compartir datos con otras personas.

Pero eso es lo apasionante: hay muchas empresas en sus primeras fases y que buscan, todas ellas, dinero y socios. No todas sobrevivirán; con suerte, algunas de ellas pueden fusionarse. Las que cuenten con una gran tecnología y pésima comercialización encontrarán a otras que tengan una tecnología pésima y una gran comercialización. Las empresas que tengan back-ends crearán interfaces a algunas de las aplicaciones principales; después otras aplicaciones se vincularán a dichos back-ends.

¿Cómo se pagará todo eso? Al comienzo, los primeros que adopten esos instrumentos pagarán por la mayoría de ellos y los servicios directamente; otros serán patrocinados por los anunciantes. Estaría bien creer que serán eficaces, pero hasta ahora hemos tenido pocas pruebas de ello. El testimonio de un vendedor de que nueve de cada diez o noventa y nueve de cada cien clientes están satisfechos con los resultados apenas resultarán convincentes, porque quienes no mejoren tendrán menos interés en participar.

Fake news or real views Learn More

Más convincentes serán los datos compartidos por personas individuales y recogidos (con autorización) por terceras partes. En algún momento, es probable que los empleadores, que están interesados en contar con empleados sanos y motivados y en tener menos gastos en salud (pero exigen un nivel menor de prueba que las empresas de seguros y los gobiernos) acudan, basándose en esas actividades de recogida de datos oficiosos y sus propios programas experimentales, lo que propiciará una mayor recogida de datos y en algún momento puede llegar a haber los suficientes para convencer a las empresas de seguros y los gobiernos a fin de que paguen también.

Una parte de mí se resiste: la buena salud debería ser algo que las personas hagan por sí mismas, pero mi realismo me convence sobre lo que puede contribuir a que se extienda un buen comportamiento. Como contribuyente, prefiero fomentar el buen compartimiento de otras personas a pagar las consecuencias de su mal comportamiento.