Paul Lachine

¿Palestina ganó?

TEL AVIV – El espectáculo sombrío del aislamiento de Israel durante el debate de las Naciones Unidas sobre la condición de estado palestina marca el tsunami político que los críticos del primer ministro Benjamin Netanyahu advirtieron podría llegar si Israel no proponía una iniciativa de paz audaz. Pero, más importante aún, los discursos en la Asamblea General de las Naciones Unidas pronunciados por los dos rivales, Netanyahu y el presidente palestino, Mahmoud Abbas, demostraron que cualquier iniciativa para volver a llevar a las partes a la mesa de negociaciones podría resultar inútil.

Los discursos no conducen a la paz, pero pueden estropear sus perspectivas. Tanto Netanyahu como Abbas volvieron a demostrar de qué manera la política que rodea "el proceso de paz" se impuso a la causa de la paz. Ambos líderes exhibieron una indiferencia absoluta por las principales preocupaciones del otro, y complacieron a sus potenciales electores -entre ellos Hamas y los colonos israelíes-, dejando en claro, urbi et orbi, que las brechas que separan sus posturas son tan insalvables como siempre.

Netanyahu en ningún momento admitió los pecados de la ocupación, ni siquiera supo manifestar una mínima expresión de empatía con la tragedia palestina de despojo y dispersión. La marcha de la locura israelí que implica la expansión de sus asentamientos en Cisjordania no mereció ni un atisbo de introspección de su parte.

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