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Europa y Antieuropa

LONDRES – La elección para el Parlamento Europeo ha puesto en marcha un doloroso proceso, en el que habrá que reconsiderar no solamente el modo en que funciona la Unión Europea, sino también cuál es su significado profundo. El resultado de la elección dejó en claro que ahora hay dos Europas: una donde la lógica de la integración está profundamente integrada al sistema político y otra que rechaza los supuestos básicos de la soberanía compartida.

La buena noticia es que la mayor parte de Europa entra en la primera categoría; la mala noticia es que las excepciones incluyen a dos países muy grandes y poderosos.

El debate acerca de Europa no es simplemente una discusión sobre los méritos de tal o cual solución institucional o técnica a un problema de coordinación política; es un debate acerca de cómo pueden las sociedades organizarse exitosamente en un mundo globalizado. En esto, se le viene prestando mucha atención al diseño institucional, pero muy poca al dinamismo social y la innovación.

Antes de la elección, los proeuropeos consideraban que la votación inminente sería una demostración del surgimiento de una nueva modalidad democrática abarcadora de toda la Unión. Europa se parecería más a un país, con partidos políticos paneuropeos que propondrían un candidato cabeza de lista (o Spitzenkandidat, como lo llaman los alemanes) para futuro presidente de la Comisión Europea.