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¿Debería Escocia salir de la zona de la libra?

PRINCETON – Cuando Escocia se prepara para el referéndum sobre la independencia que se celebrará este mes, el Reino Unido –y, de hecho, toda Europa– debe prepararse para las repercusiones de una respuesta afirmativa. La independencia de Escocia revolucionaría los marcos constitucionales británico y europeo y daría un impulso tremendo a otros movimientos separatistas europeos, desde Cataluña hasta el norte de Italia. Sin embargo, las repercusiones económicas de la independencia son mucho menos seguras.

Los partidarios de la independencia han insistido desde hace mucho en que están motivados por las características distintivas de la identidad escocesa, pero la historia y las tradiciones de Escocia, si bien son indudablemente suyas particulares, han ido cobrando forma a lo largo de siglos de relaciones mutuas con Inglaterra y otras partes de las islas Británicas.

El asunto más inmediato para los escoceses es el dinero. La cuestión de si una Escocia independiente podría o debería seguir utilizando la libra británica ha sido la dominante en los debates durante los últimos meses de la campaña del referéndum. El resultado –para Escocia, el Reino Unido y Europa– podría variar en gran medida, según sea la senda que elija Escocia.

Hasta ahora, los nacionalistas escoceses han insistido en que una Escocia independiente conservaría la libra, pero, en vista de lo mucho más fácil que sería argumentar a favor de una divisa distinta, por no citar el hecho de que el ministro de Hacienda, George Osborne, haya rechazado explícitamente la unión monetaria propuesta por el Primer Ministro de Escocia, Alex Salmond–, semejantes declaraciones equivalen a un gol en el equipo propio.