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Bienestar interno bruto

LONDRES – El año 2008 durante un debate sobre la crisis financiera mundial en la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres la reina Isabel II memorablemente puso por los suelos a una sala llena de pesos pesados de las finanzas con una pregunta: “¿Por qué nadie vio que esto venir?”  Esa pregunta ha obsesionado a los economistas desde aquel momento, a medida que paulatinamente se ha asentado el reconocimiento de que durante la supuesta “época de oro” que precedió a la crisis, dichos economistas estuvieron ciegos, no solamente a las posibles consecuencias de un fracaso, sino que también al verdadero costo del “éxito”.

Ese período se vio, en opinión de muchas personas, empañado por la codicia, fue un período de rápido crecimiento del PIB acompañado de una creciente desigualdad en los ingresos y el bienestar.

Los líderes de Alemania, Francia, el Reino Unido y los Estados Unidos parecen comprender esto, por lo ellos convocan a que se determine un nuevo propósito integral para las políticas que sustituya al propósito de la producción nacional. Y se puede establecer tal propósito. De hecho, un grupo de economistas (que incluye a mi persona) llegó a la conclusión en un informe encargado por el Legatum Institute que, a pesar de su aparente subjetividad, “el bienestar” – o la satisfacción con la vida – se puede medir de manera sólida, se puede comparar a nivel internacional, y se puede utilizar para establecer políticas y juzgar el éxito de las mismas. La tarea de los gobiernos es comprometerse a poner en práctica este enfoque en el bienestar.

Algunas ideas clave deben proporcionar información a dicho proceso. Primero, los gobiernos estarían mejor servidos al centrarse en la estabilidad, incluso si eso significa sacrificar algo de producción. Como Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart han demostrado, las crisis financieras son costosas porque las recuperaciones de las mismas son lentas.