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¿Suicidio a la griega?

LONDRES – En las últimas negociaciones en torno a la crisis griega, la buena noticia es que un impago de la deuda por parte de este país, que se ha vuelto más plausible tras el provocativo rechazo del Primer Ministro Alexis Tsipras a lo que describió como la “absurda” oferta de rescate de los acreedores, ya no representa una amenaza seria para el resto de Europa. La mala noticia es que parece que Tsipras no lo entiende así.

A juzgar por su beligerancia, parece creer sinceramente que Europa necesita a Grecia tan desesperadamente como ésta a Europa. Ese es el verdadero “absurdo” de las actuales negociaciones, y la falta de apreciación de Tsipras de su verdadero poder de negociación arriesga hoy una catástrofe para su país, la humillación para su partido Syriza, o ambas.

El resultado más probable es que tenga que tragarse sus palabras y aceptar las condiciones de la “troika” (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) antes de fines de junio. De lo contrario, el BCE dejará de respaldar al sistema bancario griego y al gobierno se le acabarán los fondos para pagar la deuda externa y, lo que es más dramático, las pensiones y salarios de sus ciudadanos. Sin acceso a financiación externa alguna, Grecia se convertirá en un paria económico –la Argentina de Europa- y es posible que la presión pública obligue a Syriza a dejar el poder.

Se trata de un resultado que adquiere tintes todavía más trágicos si se considera que el análisis en que se basa Syriza para exigir flexibilizar la austeridad es correcto en lo sustancial. En lugar de buscar un acuerdo digno para suavizar programa de la troika, Tsipras desperdició seis meses en batallas simbólicas sobre asuntos económicamente irrelevantes, como las leyes laborales, las privatizaciones e incluso el nombre de la troika.