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El arte de gobernar y la crisis griega

NUEVA YORK – Las crisis de la deuda soberana, como la de Grecia, sólo se pueden resolver mediante medidas audaces por parte del deudor y del acreedor. El deudor necesita un nuevo comienzo mediante una condonación de la deuda; el acreedor debe encontrar una forma de hacerlo sin recompensar el mal comportamiento. Para que se logre un acuerdo, se deben atender las necesidades de las dos partes. Así, pues, unas reformas serias y un profundo alivio de la deuda deben ir a la par. Por esa razón, Grecia y Alemania, su mayor acreedor, necesitan un nuevo modus vivendi para reanudar las negociaciones.

Para empezar, el Gobierno de Grecia debe ver con claridad la necesidad de reformas económicas urgentes. Su economía no sólo se ha desplomado, sino que, además, está estructuralmente moribunda. Las raíces del problema de Grecia son más profundas que la austeridad de los últimos años.

En 2013, por ejemplo, los inventores residentes en Alemania presentaron 917 nuevas solicitudes por cada millón de habitantes. En cambio los inventores residentes en Grecia presentaron tan sólo 69 solicitudes de patentes por cada millón.

Si Grecia quiere tener la prosperidad propia de una economía tecnológicamente avanzada del siglo XXI, tendrá que ganársela, fabricando nuevos productos innovadores que sean competitivos en los mercados mundiales, exactamente como lo hace Alemania. Hacerlo será un imperativo generacional.