33

El “No” de Grecia no es ninguna victoria para la democracia

PARÍS – A pesar de lo que muchos andan diciendo (especialmente quienes no tienen que cargar con las consecuencias de sus palabras), el rechazo de los votantes griegos el domingo a la última oferta de rescate de sus acreedores no fue una “victoria de la democracia”. Como los griegos saben mejor que nadie, la democracia implica mediación, representación y delegación ordenada del poder. No suele ser un asunto de referendos.

Los referendos se dan solamente en circunstancias excepcionales, cuando a los gobernantes se les acaban las ideas, han perdido la confianza de su electorado o los enfoques usuales dejan de funcionar. ¿Fue ese el caso de Grecia? ¿Era tan débil la posición del Primer Ministro Alexis Tsipras que no tenía otra opción que escurrir el bulto recurriendo a esa forma extraordinaria de democracia que es el referendo? ¿Qué ocurriría si los socios de Grecia rompieran las conversaciones y exigieran una semana para que el pueblo decida cada vez que tuvieran que tomar decisiones ante las que les faltara la valentía necesaria?

Se dice a menudo (y con razón) que Europa es demasiado burocrática, complicada y lenta como para tomar decisiones. Lo menos que se puede decir de la actitud de Tsipras es que no ayuda a compensar estos defectos. (Se podría decir mucho más si acaba por motivar a los ciudadanos españoles a que tomen la arriesgada decisión de elegir un gobierno encabezado por Podemos, su propio partido antiausteridad).

Dejando esto de lado, supongamos que la decisión a la que Tsipras se ve enfrentado era tan crucial y compleja que ameritaba el paso excepcional de convocar a un referendo. En ese caso, se lo tendría que haber preparado para que fuese una expresión clara y contundente de la voluntad popular. Se debería haber celebrado con el debido respeto a lo que estaba en juego y el gobierno tendría que haber puesto la máxima atención en hacer llegar la información adecuada al pueblo griego.