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Grecia está jugando para perder

LONDRES – El futuro de Europa depende ahora de algo aparentemente imposible: Grecia y Alemania deben lograr un acuerdo. Lo que hace parecer imposible semejante acuerdo no es la oposición por principio de los dos –Grecia ha pedido una reducción de la deuda, mientras que Alemania ha insistido en que no se puede condonar ni un euro de la deuda–, sino algo más esencial: aunque Grecia es,  evidentemente, la parte más débil en este conflicto, tiene mucho más que perder.

La teoría de los juegos indica que algunos de los conflictos más imprevisibles se dan entre un combatiente débil, pero decidido, y un oponente fuerte con mucho menos compromiso. En esas situaciones, el resultado más estable suele ser un empate en el que las dos partes quedan en alguna medida satisfechas.

En la confrontación greco-alemana, es fácil –al menos en teoría– concebir semejante partida de suma cero. Lo único que hemos de hacer es pasar por alto la retórica política y centrarnos en los resultados económicos que los protagonistas deseen de verdad.

Alemania está decidida a resistirse a cualquier condonación de la deuda. Para los votantes alemanes, ese objetivo es mucho más importante que los detalles de las reformas estructurales griegas. Por su parte, Grecia está decidida a obtener el alivio de la austeridad punitiva y contraproducente que la “troika” (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) le ha impuesto, por insistencia de Alemania. Para los votantes griegos, ese objetivo es mucho más importante que los cálculos detallados sobre el valor neto actual de la deuda nacional en 30 años.