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Una salida para Grecia

QUITO – La crisis griega es una tragedia para el país y un peligro para la economía mundial. Alemania pide que Grecia siga amortizando los intereses de sus deudas íntegramente, aunque está claro que esté país está en quiebra, y el Fondo  Monetario Internacional ha reconocido la necesidad de un alivio de la deuda. La colisión de la realidad (la insolvencia de Grecia) con la política (las exigencias de Alemania) había de provocar un desastre y, en realidad, así ha sido: el espantoso desplome del sistema bancario griego en esta semana.

Sin embargo, aún existe una salida de este desastre. Se debería recortar drásticamente la deuda de Grecia y ésta debería permanecer dentro de la zona del euro.

En las negociaciones con sus acreedores celebradas la pasada primavera, Grecia lo reconoció e insistió en que se redujera su deuda. Alemania se negó. Aunque los Estados Unidos  y el FMI se pusieron en privado de parte de Grecia, Alemania prevaleció, como suele ocurrir con los acreedores.

Sin embargo, a veces los acreedores prevalecen para su propio perjuicio; al empujar al deudor hasta el límite, acaban provocando una completa suspensión de pagos. El error cometido por Alemania la semana pasada ha sido el de empujar la economía griega –ya en condiciones que nada tenían que envidiar a la Gran Depresión– hasta un completo desplome financiero.