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¿Rendición de cuentas o cuentas públicas?

París – Cuando el vocero del gobierno de Nicolas Sarkozy anunció que el desempeño de cada ministro se evaluaría según criterios establecidos por una empresa de auditoría privada, tal vez no esperaba provocar una respuesta airada. Pero debió haberlo hecho. La oposición rápidamente atacó la medida calificándola de “treta peligrosa” y de “cortina de humo”. Un analista preguntó “¿Llegará pronto el momento en que los ministros sean contratados por agencias de reclutamiento?” Y un joven diputado declaró que “Francia no se puede administrar como si fuera fábrica de pernos”.

Pero, ¿qué tiene de absurdo establecer normas con las cuales evaluar el cumplimiento de las promesas de campaña de Sarkozy? En cuanto fueron nombrados, los ministros de Sarkozy recibieron una carta de intención con un conjunto claro de objetivos. ¿Acaso no es normal crear algún medio para que los ministros rindan cuentas?

La cultura de los “resultados” ya forma parte central de la modernización económica de Francia, así que ¿no debería suceder lo mismo con los gobiernos franceses, con su arraigada inclinación a la pasividad y el desapego? Y la cuestión del establecimiento de normas medibles para las funciones del gobierno no se limita a Francia. El Primer Ministro británico, Gordon Brown, ha hecho de esas metas medibles el sello de su administración desde que era Ministro de Finanzas.

Naturalmente las instituciones encargadas de supervisar el sector público francés como la Cour des comptes o la Inspection générale des finances tienen las aptitudes y capacidades necesarias para cumplir sus tareas. Además, las políticas públicas francesas están sujetas a un procedimiento de examen general. Pero la cultura de una empresa de auditoría privada puede aportar algo nuevo al pasar de un examen básico de la legalidad a una evaluación general del desempeño.