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La educación ante todo

LONDRES – La causa de la escolarización universal estuvo demasiado tiempo relegada detrás de otros grandes movimientos de cambio internacionales. Pero ahora, con el lanzamiento de la iniciativa “La educación ante todo” del secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki‑moon, la educación vuelve a ocupar el lugar que le corresponde en la agenda política internacional. Esto se relaciona con dos factores nuevos a los que dicha iniciativa presta mucha atención.

Primero y principal, los destinatarios de la escolarización universal se han convertido en sus principales promotores. Los adolescentes, y sobre todo las adolescentes, ya no están dispuestos a quedarse de brazos cruzados mientras se les niega el acceso a oportunidades educativas; por ello, han lanzado una de las mayores campañas de lucha por los derechos civiles de nuestro tiempo.

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Whither Turkey?

Sinan Ülgen engages the views of Carl Bildt, Dani Rodrik, Marietje Schaake, and others on the future of one of the world’s most strategically important countries in the aftermath of July’s failed coup.

Es difícil no conmoverse con la valiente lucha de la joven paquistaní Malala Yousafzai, baleada en la cabeza por los talibanes por defender el derecho de las niñas a recibir educación. Así como es difícil no advertir el enorme apoyo público que la causa de Malala ha suscitado en Pakistán y el resto del mundo.

Asimismo, estos últimos meses hemos visto a colegialas bangladesíes crear en su país zonas libres de matrimonio infantil, como un modo de defender el derecho de las niñas a seguir en la escuela en vez de ser entregadas en matrimonio contra su voluntad. En la India, la Marcha Global contra el Trabajo Infantil, liderada por Kailash Satyarthi, un conocido defensor de los derechos infantiles, rescató a miles de niños de ambos sexos del trabajo en condiciones de esclavitud en fábricas, talleres y el servicio doméstico y los devolvió a la escuela.

Estas acciones de los propios jóvenes en defensa de su derecho a recibir educación hacen imposible ignorar la lucha por el acceso a la escolaridad básica. Por eso, los gobiernos de todo el mundo se sienten cada vez más urgidos a cumplir el segundo Objetivo de Desarrollo del Milenio (“lograr la enseñanza primaria universal”) antes de que termine 2015.

Pero existe también otro factor reconocido en todo el mundo que puso la educación en el centro de la agenda política en la mayoría de los países: las investigaciones sobre las razones del éxito o el fracaso de las naciones destacan cada vez más la importancia de la educación. Durante muchos años, el debate académico sobre los motivos por los que algunos países quedan rezagados se centró en la cultura, las instituciones, la ideología o la disponibilidad de recursos, pero en la actualidad, cada vez más escritores, investigadores y expertos en formulación de políticas ven un vínculo determinante entre la educación y el éxito económico de los países.

El despliegue de capital humano se ha convertido en un factor de suma importancia para explicar por qué algunos países quedan atrapados en la llamada “trampa de los ingresos medios” y otros no logran salir de la condición de países de bajos ingresos. Y al evaluar la disponibilidad de dicho capital, ahora se le presta especial atención a la cantidad y la calidad de trabajadores con habilidades básicas, graduados calificados y experiencia en investigación y desarrollo de cada país.

Poner la educación ante todo es una tarea urgente, dada la magnitud del desperdicio de talentos y potencial que vemos en todo el mundo. Hay todavía unos 57 millones de niños que no van a la escuela, 500 millones de niñas que no terminarán la secundaria a pesar de que es su derecho y 750 millones de adultos analfabetos.

Dado el vínculo entre educación y éxito económico, el acceso a educación y capacitación de calidad también es fundamental para las empresas. En 2020, según el McKinsey Global Institute, nos enfrentaremos a dos problemas paralelos: un déficit de hasta 40 millones de trabajadores altamente calificados y un exceso de hasta 95 millones de trabajadores de baja calificación. En 2030, de los tres mil quinientos millones de personas que formarán la fuerza laboral mundial, aproximadamente mil millones serán trabajadores sin educación secundaria, lo que menoscabará seriamente las posibilidades económicas de sus respectivos países.

De modo que a menos que se tomen medidas urgentes, es probable que las empresas se encuentren con una enorme falta de personal calificado, especialmente en los mercados emergentes y los países en desarrollo, lugares donde se concentrará la mayor parte de la actividad económica. De hecho, la tasa de analfabetismo en la población adulta de Somalia es 63%, y en Nigeria es 39%; en Sudán del Sur, son más las niñas que mueren dando a luz que las que terminan la escuela primaria.

Si no actuamos ya mismo, a mediados de siglo la economía mundial nos mostrará un alto nivel de desperdicio de talentos y desigualdad de oportunidades. Según cifras incluidas en un nuevo libro del Centro Wittgenstein, titulado World Population and Human Capital in the 21st Century [Población mundial y capital humano en el siglo XXI], se estima que en 2050 sólo el 3% de los adultos jóvenes en Mali y Mozambique tendrán educación terciaria, proporción que alcanzará apenas el 4% en Níger, Liberia, Ruanda y Chad y el 5% en Malaui y Madagascar. Mientras que la proyección para América del Norte en su conjunto es 60%, para el África subsahariana es 16%.

Estas cifras nos muestran un mundo dividido entre personas con acceso y sin acceso a la educación, una división que puede tener consecuencias inmensas, no solamente en lo que atañe a la falta de personal calificado y al derroche de recursos económicos, sino también en materia de estabilidad social. Las palabras del fallecido presidente de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos, Earl Warren, en el fallo del caso Brown v. Junta de Educación,que abolió la fundamentación legal de la segregación racial en las escuelas públicas estadounidenses, son tan pertinentes como siempre: “Difícilmente un niño pueda abrigar esperanzas de tener éxito en la vida si se le niega la oportunidad de recibir educación”. Como señaló Warren: “Esa oportunidad (…) es un derecho que debe ponerse al alcance de todos con igualdad de condiciones”.

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Nos quedan poco menos de dos años para hacer que la escolarización primaria deje de ser un privilegio para algunos y se convierta en un derecho para todos. El secretario general Ban y yo estamos decididos a hacer todo lo posible cada día que falta de aquí a diciembre de 2015 para garantizar que no quede un solo niño fuera de la escuela.

Traducción: Esteban Flamini