Educación para todos

EDIMBURGO – Hay muy pocas probabilidades de que se cumpla la meta establecida en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de que todos los niños en edad escolar asistan a la escuela para diciembre de 2015. Visto que en meses recientes los niños de Gaza, Siria, Irak y Nigeria han estado literalmente en la línea de fuego, la enorme magnitud del reto es más que palpable. Después de todo, cumplir la promesa de educación universal requiere que incluso aquellos en las circunstancias más difíciles, como niños refugiados y niños en zonas de combate, puedan tener un acceso a la educación de forma segura.

Las investigaciones académicas indican que ningún país puede gozar de una prosperidad sostenida –y que nadie puede evitar la trampa del ingreso medio –sin invertir a gran escala en la educación de alta calidad. Esto se aplica sin duda a la economía actual basada en el conocimiento, en la que las empresas se valúan a sí mismas de acuerdo con sus activos humanos, no solo los físicos, y las bolsas de valores toman en cuenta el capital intelectual, además del físico.

Durante mucho tiempo la educación se ha considerado el garante número uno de ingresos, riqueza, estatus y seguridad. Con todo, millones de personas han quedado sistemáticamente excluidas o rezagadas, y cerca de la mitad de los niños en el mundo siguen sin tener acceso a la educación básica.

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