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Los guerreros de Dios se multiplican

CHICAGO.- El tiempo no está del lado de los que trabajan a favor de la paz en Medio Oriente. Incluso los optimistas implacables se están dando por vencidos. Cada vez más el conflicto israelí-palestino se ve eclipsado y manejado por grupos religiosos extremos e intransigentes de ambos bandos que perciben su mandato político como santo y sagrado.

Esto dificulta que a corto plazo se llegue a una solución pacífica y a largo plazo hará que sea cada vez más inasequible un acuerdo político. Hoy más que nunca la paz se vislumbra como un espejismo inalcanzable.

Durante los últimos 25 años diversos grupos competidores de la zona han hecho de la religión su paradigma dominante al diseñar políticas internas. En muchos países árabes el renacimiento del fundamentalismo es tanto significativo como desconcertante. Jezbolá se ha alzado en Líbano como una fuerza poderosa; Iraq se ha transformado de uno de los Estados más seculares de Medio Oriente  a uno militante-teocrático; y ahora Hamas está creciendo en Palestina y diluyendo la autoridad del presidente Mahmoud Abbas.

Mucha de la fuerza política del fundamentalismo religioso proviene del aumento de la proporción de fundamentalistas entre la población. Este viraje demográfico no sólo está ocurriendo en el mundo musulmán sino también en Israel.