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Las líneas políticas divisorias de la globalización

NUEVA YORK – La votación del Reino Unido a favor de salir, aunque por un margen muy estrecho, de la Unión Europea aconteció debido a razones específicamente británicas. Y, no obstante, también es como el proverbial canario en la mina de carbón, envía señales sobre una amplia reacción populista/nacionalista – al menos en las economías avanzadas – en contra de la globalización, el libre comercio, la deslocalización, la migración laboral, las políticas orientadas al mercado, las autoridades supranacionales, e incluso en contra del cambio tecnológico.

Todas estas tendencias reducen los salarios y el empleo de los trabajadores con bajas cualificaciones en las economías avanzadas, que son economías que tienen escasez de mano de obra y son ricas en capital, y los incrementan en las economías emergentes que tienen abundancia de mano de obra. Los consumidores en las economías avanzadas se benefician de la reducción de los precios de los productos objeto de comercio; pero, los trabajadores con bajas e incluso medianas cualificaciones pierden ingresos ya que sus salarios de equilibrio caen y sus puestos de trabajo se ven amenazados.

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En la votación “Brexit”, las líneas divisorias estuvieron claras: ricos frente a pobres, ganadores frente a perdedores del comercio y la globalización, cualificados frente a no cualificados, personas con un alto nivel de educación formal frente a personas con un menor nivel de educación formal, jóvenes frente a personas maduras, lo urbano frente a lo rural, y comunidades diversas frente a comunidades más homogéneas. Las mismas líneas divisorias están apareciendo en otras economías avanzadas, incluyendo en las de Estados Unidos y la Europa continental.

Ya que sus economías y mercados de trabajo son más flexibles, EE.UU. y el Reino Unido se han recuperado con más fuerza que la Europa continental en términos de PIB y empleo desde la crisis financiera mundial del año 2008. La creación de empleo ha sido robusta, situándose la tasa de desempleo por debajo del 5%, aunque los salarios reales no están creciendo mucho.

No obstante, en EE.UU., Donald Trump se ha convertido en el héroe de los trabajadores enojados y amenazados por el comercio, la migración y el cambio tecnológico. En el Reino Unido, el voto Brexit fue fuertemente influido por el temor a que los inmigrantes provenientes de países de la UE con bajos salarios (el proverbial “fontanero polaco”) se apoderen de los puestos de trabajo y de los servicios públicos de los ciudadanos.

En Europa continental y la eurozona, sin embargo, las condiciones económicas son mucho peores. La tasa promedio de desempleo se sitúa por encima del 10% (y es mucho mayor en la periferia de la eurozona – más del 20% en Grecia y España) con un desempleo juvenil superior al 30%. En la mayoría de estos países, la creación de empleo es anémica, los salarios reales están cayendo, y los mercados duales de mano de obra se traducen en que en el sector formal, los trabajadores sindicalizados tienen buenos salarios y beneficios, mientras que los trabajadores más jóvenes tienen empleos precarios que pagan salarios más bajos, no proporcionan ninguna seguridad en el empleo, y ofrecen pocos o ningún beneficio.

En lo político, las tensiones de la globalización vienen por partida doble. En primer lugar, los partidos dentro del sistema tradicional de derecha e izquierda, que desde hace más de una generación apoyaron al libre comercio y la globalización, están siendo cuestionados por partidos anti-sistema, nativistas/nacionalistas y populistas. En segundo lugar, los partidos del sistema están siendo perturbados – e incluso hasta destruidos – desde dentro, en la medida que surgen defensores de la anti-globalización y desafían la ortodoxia convencional.

Los partidos del sistema que en algún momento fueron controlados por los beneficiarios de la globalización: los propietarios del capital; trabajadores cualificados con un alto nivel de educación formal y digitalmente inteligentes; élites urbanas y cosmopolitas; y, empleados de cuello blanco y azul pertenecientes a sindicatos. Sin embargo, estos partidos también incluían a trabajadores – tanto de cuello blanco y azul – que se encontraban en las filas de los perdedores de la globalización, pero que a pesar de ello se mantenían leales, ya sea porque eran conservadores social o religiosamente, o porque los partidos de centro izquierda fueron en el pasado partidarios de los sindicatos, de los derechos de los trabajadores, y de los programas de ayuda social.

Después de la crisis financiera del año 2008, los perdedores de la globalización comenzaron a organizarse y encontrar a los campeones anti-sistema, tanto en la izquierda y la derecha. En la izquierda, los perdedores en el Reino Unido y EE.UU., especialmente los jóvenes, encontraron campeones en los partidos tradicionales de centro izquierda: Jeremy Corbyn en el Partido Laborista del Reino Unido, y Bernie Sanders en el Partido Demócrata de Estados Unidos.

Las líneas divisorias más profundas surgieron entre los partidos de centro-derecha. Estos partidos – los republicanos en EE.UU., los conservadores en el Reino Unido, y los partidos de centro-derecha en toda Europa continental – enfrentan una revuelta interna contra sus propios líderes. El surgimiento de Donald Trump – un líder anti-comercio, anti-migración, anti-musulmanes, y nativista – es un reflejo de un hecho incómodo para las corrientes tradicionales republicanas: el votante promedio del partido está más cerca de aquellos que han perdido a consecuencia de la globalización. Una revuelta similar tuvo lugar en Partido Conservador del Reino Unido, donde los perdedores de la globalización se han congregado en torno de la campaña “Salir” del partido o han desplazado su apoyo hacia el Partido de la Independencia del Reino Unido.

En la Europa continental, donde los sistemas parlamentarios multipartidistas son prevalentes, la fragmentación política y la desintegración son aún más graves que en el Reino Unido y EE.UU. En la periferia de la UE, los partidos anti-sistema tienden a ser de la izquierda: Syriza en Grecia, Movimiento Cinco Estrellas de Italia,  Podemos de España, los partidos de izquierda en Portugal. En el núcleo de la UE, estos partidos tienden a ser de la derecha: Alternativa para Alemania, el Frente Nacional de Francia, y partidos similares de extrema derecha en Austria, los Países Bajos, Dinamarca, Finlandia, Suecia, y en otros lugares.

Pero, a pesar del creciente número y de la organización y movilización de los perdedores de la globalización, la globalización propiamente dicha no es necesariamente condenada. Para empezar, continúa produciendo beneficios netos para los mercados emergentes y avanzados por igual, por lo que los perdedores no terminan de ser una minoría en la mayoría de las economías avanzadas, mientras que aquellos que se benefician de la globalización son una gran mayoría – si bien a veces son una mayoría silenciosa. De hecho, incluso los “perdedores” se benefician de los precios más bajos de bienes y servicios que traen consigo la globalización y la innovación tecnológica.

Esto también se debe a que los partidos populistas y anti-corrientes tradicionales son todavía una minoría política. Incluso Syriza, una vez en el poder, dio marcha atrás y tuvo que aceptar la austeridad, ya que una salida de la UE habría sido mucho más costosa. Y, las recientes elecciones generales en España, que se celebraron tres días después del referéndum Brexit, sugieren que, a pesar de un alto desempleo, austeridad y reformas estructurales dolorosas, las fuerzas pro-europeas moderadas siguen siendo una mayoría.

Incluso en EE.UU., el atractivo de Trump es limitado, debido a la estrechez demográfica de su base electoral. La posibilidad de que pueda ganar las elecciones presidenciales en noviembre es altamente dudosa.

Esta es también la razón por la que las coaliciones pro-europeas de centro-izquierda y centro-derecha se mantienen en el poder en la mayor parte de la UE. El riesgo de que los partidos anti-UE pueden llegar al poder en Italia, Francia y los Países Bajos – entre otros – está aumentando, pero sigue siendo una posibilidad lejana.

Por último, la teoría económica sugiere que se puede hacer que la globalización beneficie a todos, siempre y cuando los ganadores compensen a los perdedores. Esto puede tomar la forma de compensación directa o mayor provisión de bienes públicos gratuitos o casi libres (por ejemplo, educación, reentrenamiento,  asistencia sanitaria, prestaciones por desempleo, beneficios de pensiones trasferibles).

Para que los trabajadores acepten una mayor movilidad y flexibilidad laboral en la medida que la destrucción creativa elimina algunos puestos de trabajo y crea otros, son necesarios sistemas adecuados para reemplazar la pérdida de ingresos como consecuencia del desempleo transicional. En la Unión Europea continental, los partidos del sistema se mantienen en el poder, en parte debido a que sus países mantienen extendidos sistemas de bienestar social.

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La reacción contra la globalización es real y creciente. Sin embargo, puede ser contenida y gestionada a través de políticas que compensen a los trabajadores por sus daños y costos colaterales. Sólo mediante la promulgación de dichas políticas, los perdedores de la globalización empezaran a pensar que, con el transcurso del tiempo, ellos también podrán unirse a las filas de los ganadores.

Traducción del inglés de Rocío L. Barrientos