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Las víctimas incomprendidas del calentamiento global

BAMAKO, MALI – Las organizaciones de prensa en los países ricos regularmente envían a reporteros a encontrar "víctimas del calentamiento global". En despechos desde las Islas del Pacífico, Bangladesh y Etiopía, los periodistas advierten sobre una calamidad inminente. El calentamiento global es el desafío más horrible que enfrentan estas regiones, nos dicen. Su resolución es vital.

Pero rara vez oímos hablar a la gente local que, según se dice, está en peligro. No es que esta gente no se exprese; simplemente no le prestamos atención a lo que dice.

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El Centro del Consenso de Copenhague se propuso preguntarle a la gente en los lugares candentes del calentamiento global sobre sus temores y esperanzas. En Mojo, en el centro de Etiopía, nuestros investigadores conocieron a Tadese Denkue, un ex soldado de 68 años sin ingresos regulares. "Nunca sé cuándo podré comprarme algo de comida", dijo. "Sólo sé que sufro mucho. Esta no es una vida decente".

Tadese nunca escuchó hablar del calentamiento global. Cuando uno le explica, no manifiesta interés. Tiene preocupaciones más inmediatas: "Lo primero que necesito es comida, y después un empleo".

Tadese está padeciendo el segundo brote de malaria este año. Perdió la cuenta de cuántas veces contrajo esta enfermedad. Nuestro investigador lo acompaña a una clínica gratuita. No anda la electricidad. Un médico admite que la mayoría de los pacientes son enviados a su casa sin que se les practique un análisis ni se les suministre tratamiento: a la clínica ya no le quedan medicamentos.

La amenaza de una mayor incidencia de malaria se ha utilizado para defender los recortes drásticos de carbono. Un clima más cálido y más húmedo mejorará las condiciones para el parásito de la malaria. La mayoría de las estimaciones sugieren que el calentamiento global pondrá a un 3% más de la población de la Tierra en riesgo de contagiarse la enfermedad para 2100.

Los recortes de carbono globales más eficientes -destinados a mantener los aumentos de temperatura debajo de 2ºC- costarían 40 billones de dólares al año para 2100, según una investigación de Richard Tol para el Centro del Consenso de Copenhague. En el mejor escenario, este gasto reduciría la población en riesgo en apenas el 3%.

En comparación, gastar 3.000 millones al año en mosquiteros, en aerosoles de DDT para interiores que no afecten el medio ambiente y en subsidios para nuevas y efectivas terapias combinadas podría reducir a la mitad la cantidad total de los infectados en el lapso de una década. Por el dinero que se necesita para salvar una vida con recortes de carbono, políticas más inteligentes podrían salvar 78.000 vidas.

Por supuesto, la malaria está lejos de ser la única razón para preocuparnos sobre el calentamiento global. A 20 kilómetros de Mojo, nuestro investigador conoció a Desi Koricho y a su hijo de ocho meses, Michel. Cada dos semanas, Desi camina cuatro horas para llevar a Michel al centro de salud. Después de dos meses de tratamiento por desnutrición, Michel creció mucho, pero sigue teniendo la mitad del tamaño normal para un bebé de su edad.

Michel no es hijo biológico de Desi. Ella se hizo cargo de él después de que el padre de la criatura se suicidara y él fuera abandonado. La propia Desi probablemente sufra de desnutrición no diagnosticada. Es muy frecuente aquí. No hay caminos, electricidad u otra infraestructura. Las condiciones son restringidas y antihigiénicas. "Necesitamos de todo", dice Desi. Solucionar el desafío de la desnutrición sería un buen comienzo.

Activistas en Europa y Estados Unidos utilizan la amenaza de la inanición para defender los recortes drásticos de carbono. En la mayoría de las regiones, los cambios climáticos aumentarán la productividad agrícola. Cruelmente, éste no es el caso de partes de África que ya están padeciendo hambre.

Pero, al igual que con la malaria, toda la evidencia demuestra que las políticas directas son mucho más efectivas que los recortes de carbono. Una intervención efectiva y no tan valorada es el suministro de micronutrientes a quienes no los tienen. Proporcionar vitamina A y zinc al 80% de los 140 millones o más de niños desnutridos en el mundo requeriría un compromiso de apenas 60 millones de dólares al año. Por 286 millones de dólares, podríamos hacerle llegar hierro y yodo a más de 2.500 millones de personas.

La elección es dura: por unos cientos de millones de dólares, podríamos ayudar a casi la mitad de la humanidad hoy. Comparemos esto con las inversiones para enfrentar el cambio climático -40 billones de dólares al año para fin de siglo- lo cual salvaría cien veces menos de gente con hambre (¡y en 90 años!). Por cada persona que escapó a la desnutrición a través de políticas climáticas, el mismo dinero podría haber salvado a medio millón de personas de una deficiencia de micronutrientes a través de políticas directas.

Algunos sostienen que la elección entre gastar dinero en recortes de carbono y en políticas directas es injusta. Pero es un hecho elemental que ningún dólar se puede gastar dos veces. Los países y los donantes ricos tienen presupuestos y niveles de atención limitados. Si gastamos enormes cantidades de dinero en recortes de carbono con la idea equivocada de que estamos frenando la malaria y reduciendo la desnutrición, tenemos menos probabilidades de destinar dinero a las políticas directas que ayudarían hoy.

De hecho, por cada dólar invertido en políticas climáticas fuertes, probablemente haremos aproximadamente 0,02 dólar de bien para el futuro. Si invirtiéramos el mismo dólar en políticas simples para combatir la desnutrición o la malaria ahora, podríamos hacer 20 dólares o más de bien -1.000 veces mejor, cuando se tienen en cuenta todos los impactos.

En el Monte Kilimanjaro en Tanzania -donde los efectos del calentamiento global ya se pueden sentir-, nuestro investigador encontró a Rehema Ibrahim, de 28 años. Rehema estaba divorciada de su esposo y su familia la repudiaba por no poder tener hijos. Para averiguar si ella era la causa de la infertilidad, empezó a dormir con otros hombres. Hoy es VIH positivo, una marginada en una sociedad terriblemente pobre.

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Rehema ha percibido cambios en el clima. Dice que la nieve y el hielo se están derritiendo. Ella sabe a qué se refiere nuestro investigador cuando habla de "calentamiento global". Pero dice: "Las cuestiones que estoy experimentando tienen más prioridad. El VIH y los problemas que está causando son mayores que el hielo [que retrocede]".

Los activistas a favor de las reducciones de las emisiones de carbono regularmente ponen de relieve la nieve y el hielo que se derriten en el Monte Kilimanjaro. Pero necesitamos prestarle la misma atención a la gente que vive a la sombra de la montaña.