El inconfensable secreto del calentamiento del planeta

La semana pasada, la Unión Europea declaró que prácticamente había salvado el planeta. Al tiempo que el Presidente de la Comisión, José Manuel Barroso, afirmaba que Europa encabezaría la lucha contra el cambio climático, la UE ha prometido reducir en 2020 las emisiones de CO2 un 20 por ciento por debajo de los niveles de 1990. Naturalmente, como la UE ya ha prometido una reducción del 8 por ciento el año que viene conforme al Protocolo de Kyoto, esa nueva meta parece ligeramente menos ambiciosa. Además, como siguen existiendo los problemas fundamentales que afectan al paralizado Protocolo de Kyoto, lo que la UE ha hecho esencialmente ha sido un acuerdo peor.

El cambio climático provocado por el hombre es, desde luego, real y constituye un problema grave. Sin embargo, la postura actual de reducir las emisiones ahora antes de que sea demasiado tarde, no tiene en cuenta que el mundo carece de soluciones prácticas a corto plazo.

Ésa parece ser la razón por la que nos centramos en planteamientos que nos hacen sentirnos bien, como el Protocolo de Kyoto, cuyo problema fundamental ha sido siempre el de que es a un tiempo desmesuradamente ambicioso, medioambientalmente insignificante y excesivamente caro. Exigía reducciones tan importantes, que sólo unos pocos países podían cumplirlo.

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