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El riesgo de la fragmentación del ciberespacio

MADRID – Las tecnologías de la información y la comunicación se han convertido en una parte central de la vida cotidiana para la mayor parte de la población mundial afectando incluso a las áreas más atrasadas y remotas del planeta. Son un factor clave para potenciar el desarrollo, la innovación y el crecimiento económico. Sin embargo, estamos sólo al principio de una transformación fundamental. En los próximos años, nuevas tecnologías, como el Internet de las cosas, la impresión en 3-D y los vehículos autónomos revolucionarán las prácticas comerciales establecidas, los paradigmas regulatorios e incluso las convenciones sociales.

Estas nuevas tecnologías tienen el potencial de generar enormes beneficios pero también conllevan la asunción de riesgos. El lado negativo de este aumento exponencial de las actividades relacionadas con el ciberespacio es la facilidad de uso y acceso a datos con propósitos criminales. Existe un consenso acerca de que los ciber-ataques están aumentando en número, sofisticación, alcance e impacto. A medida que el mundo se vuelve cada vez más interdependiente e hiperconectado se recrudece la preocupación por la vulnerabilidad del ciberespacio. Es una infraestructura de infraestructuras de la que depende el resto de ámbitos ya sea la información, el comercio, la energía, el sistema financiero y muchos otros.

Los ciber-ataques tienen lugar en un medio, el ciberespacio, donde las acciones ofensivas cuentan con ventaja sobre las acciones defensivas. De hecho, la mayor parte de la infraestructura del ciberespacio fue diseñada para asegurar su interoperabilidad y apertura sin centrarse en la seguridad que suele limitar la usabilidad. Los ataques también tienden a ser asimétricos, debido a las menores barreras de entrada en el ciberespacio y la debilidad de los gobiernos a la hora de hacer cumplir el Estado de Derecho. Esto permite a atacantes con recursos limitados llevar a cabo acciones perturbadoras con mayor impacto que en el mundo físico. Así, los ciber-riesgos son transnacionales por naturaleza, ya que tienden a expandirse a nivel global en ‘efecto cascada’ por el alto grado de interconexión e interdependencia entre los actores en el ecosistema digital.

En un medio sin fronteras es imposible abordar los riesgos con éxito desde una sola jurisdicción. La cibercriminalidad ya es un negocio equiparable al tráfico de drogas y altamente internacionalizado. A pesar de ello, no contamos con un régimen de gobernanza global tan desarrollado como en otros ámbitos. Con la intención de paliar este vacío han proliferado distintas iniciativas internacionales para mitigar las ciber amenazas y facilitar la gestión internacional del ciberespacio aunque con un éxito limitado.