oral vaccination Caisii Mao/NurPhoto via Getty Images

Un último empujón para la vacunación

GHAZIABAD, UTTAR PRADESH – Una niña de cuatro años recientemente acudió a la sala de guardia donde trabajo como médica residente. Estaba retorciéndose de dolor y tenía convulsiones. Mi equipo y yo actuamos rápidamente para activar el protocolo de convulsiones, aplicar un goteo intravenoso y suministrar todos los medicamentos apropiados. Luego realizamos una prueba: soplé aire en su dirección y colapsó de dolor; le ofrecí agua y su agonía se agudizó profundamente. El diagnóstico era claro: tenía rabia –y ya era demasiado tarde para salvarla.

La familia de la niña sabía que la había mordido un perro, pero les habían dicho que unas hierbas tradicionales la curarían, así que se demoraron en llevarla al hospital. Murió menos de un día después de que la atendiéramos. Si sus padres la hubieran llevado al hospital de inmediato para que le aplicaran el suero antirrábico y la vacuna adecuada, todavía estaría viva. Los gritos atormentados de su madre desconsolada todavía me retumban en la cabeza.

Como médica residente en pediatría, no soy ajena a la muerte. Pero ver cómo una niña inocente sucumbe ante una enfermedad que se puede prevenir tan fácilmente mediante una simple intervención es un dolor muy profundo. Después de todo, la niña que vi morir ese día no era una anomalía.

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