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Dos hurras para la nueva normalidad

JAKARTA – La visión convencional sobre el estado de la economía mundial reza más o menos así: desde el inicio de la crisis financiera de 2007-2008, el mundo desarrollado ha luchado por recuperarse, pero sólo Estados Unidos pudo amoldarse. A los países emergentes les fue mejor, aunque ellos también han comenzado a trastabillar últimamente. En un clima económico sombrío, según esta teoría, los únicos ganadores han sido los ricos, lo que resulta en una desigualdad que crece de manera desorbitada.

Ese escenario suena absolutamente correcto –hasta que, si se lo analiza más de cerca, resulta completamente erróneo.

Empecemos por el crecimiento económico. Según el Fondo Monetario Internacional, durante la primera década de este siglo, el crecimiento global anual promedió el 3,7%, comparado con el 3,3% en los años 1980 y 1990. En los últimos cuatro años, el crecimiento promedió el 3,4%. Esto está muy por debajo de lo que muchos habían esperado; en 2010, yo predije que en la próxima década, el mundo podría crecer a una tasa anual del 4,1%. Pero el 3,4% no es un porcentaje desastroso si consideramos los parámetros históricos.

Sin duda, todas las economías grandes y desarrolladas están creciendo más lentamente que en el pasado, cuando sus motores económicos bramaban. Pero la eurozona es la única que ha desilusionado mucho en los últimos años. Yo había previsto, cuando hice mis proyecciones en 2010, que la mala demografía y la productividad débil de la región le impedirían crecer a una tasa superior al 1,5% anual. Pero apenas alcanzó un magro 0,3%.