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¿Llegó la hora del dinero global?

NUEVA YORK – El mundo de hoy está más integrado económica y financieramente que en cualquier otro momento desde la segunda mitad del siglo XIX. Pero la formulación de políticas –especialmente las acciones de los bancos centrales- sigue siendo anacrónicamente nacional y regional. ¿No habrá llegado la hora de repensar el (no) sistema monetario global? En particular, ¿un solo banco central global y una moneda mundial no tendrían más sentido que nuestro ensamblaje confuso, ineficiente y anticuado de políticas monetarias y monedas nacionales?

La tecnología hoy está llegando al punto en el que una moneda digital común, que sería posible gracias a la adopción de telefonía celular casi universal, ciertamente lo hace posible. Y por más descabellada que pueda sonar la idea de una moneda global, recordemos que antes de la Primera Guerra Mundial, abandonar el patrón oro parecía igualmente inverosímil.

El sistema actual es tan riesgoso como ineficiente. Las diferentes monedas no sólo son un incordio para los turistas que vuelven a casa con los bolsillos llenos de monedas extranjeras inutilizables. Las empresas globales pierden tiempo y recursos en esfuerzos básicamente inútiles para resguardarse contra el riesgo monetario (beneficiando sólo a los bancos que actúan como intermediarios).

Los beneficios de liberar al mundo de las monedas nacionales serían enormes. De una vez desaparecería el riesgo de guerras monetarias y el daño que pueden infligirle a la economía mundial. La fijación de precios sería más transparente  y los consumidores podrían detectar anomalías (desde sus teléfonos) y conseguir los mejores precios cuando hacen sus compras. Y, al eliminar las transacciones de moneda extranjera y los costos de cobertura, una moneda única revitalizaría el comercio mundial estancado y mejoraría la eficiencia de la asignación de capital global.