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Elevar la sostenibilidad de las inversiones hídricas

NUEVA YORK – Desde que la ONU adoptara en 2000 los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), la comunidad mundial ha prestado gran atención a hacer posible el acceso a los servicios básicos de aguas y saneamiento, y con razón. Entre 1990 y 2010, más de dos mil millones de personas obtuvieron acceso a mejores fuentes de agua. En momentos que la ONU se prepara para adoptar los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), como sucesores tras 2015 de los ODM, debería adquirir mucho más protagonismo el importante tema de la infraestructura hídrica a gran escala.

Normalmente se piensa que para mejorar el acceso al agua es necesario cavar pozos, tomar decisiones a nivel comunitario y centrar los programas de ayuda en llegar a más gente. Pero estas medidas importantes son solamente parte de una estrategia mucho mayor y para la que es necesario invertir mucho más.

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De acuerdo con un informe reciente realizado por la UNICEF y la Organización Mundial de la Salud sobre su programa conjunto de monitoreo de los servicios de aguas y saneamiento, más de 1,2 mil millones de las personas que habían obtenido acceso entre 1990 y 2008 lo habían hecho conectando tuberías a una de sus instalaciones. Esta cifra empequeñece el impacto de las fuentes de “pequeña escala” (desde cavar pozos a recoger agua de lluvia) que muchos creen han sido las más importantes para solucionar el problema.

De hecho, la cantidad de personas que habían obtenido acceso a agua fue mayor en la década anterior a la adopción de los ODM. Gran parte correspondió a India y China, ya que ambos países disfrutaron de un rápido crecimiento económico en la década de 1990, pudiendo sacar a mucha gente de la pobreza.

Como sugieren estos ejemplos, los países logran mejor sus iniciativas de suministro de servicios de agua cuando pueden confiar en su propio crecimiento económico para cerrar la brecha en los costes de infraestructura hídrica. Pero la brecha se está ensanchando. El informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial de 2013 identificó las "crisis de suministro de agua" como el mayor "riesgo social" para la prosperidad global. Según algunas estimaciones, para satisfacer las necesidades de una economía mundial que crece cada vez más será necesario destinar por lo menos 1 billón de dólares al año a infraestructura hídrica dentro de los próximos 20 años, lo que representa cerca del doble del nivel de gasto anual en la actualidad.

Para abordar este reto del desarrollo serán necesarias nuevas formas de pensamiento, innovación y acción en áreas como la energía hidroeléctrica sostenible, la agricultura eficiente y el acceso al agua potable para las ciudades. Lo primero debe ser asegurarse de que la infraestructura natural, como los ríos, los acuíferos y los humedales -que determinan la cantidad, fiabilidad y calidad de nuestra agua- puedan seguir cumpliendo esa función. En muchos casos es, con mucho, la opción más rentable para asegurar la sostenibilidad del agua en el largo plazo.

Varios países, como Colombia, México, China y Estados Unidos, han empezado a invertir en este sentido, demostrando que podemos mejorar los resultados mediante la planificación de nuestra infraestructura artificial de una manera compatible con la supervivencia y el buen estado de las cuencas fluviales e hidrográficas.

Por supuesto, incluso si se destinara a una infraestructura natural rentable solo un 10% de la inversión total en recursos hídricos (la misma proporción que, por ejemplo, la ciudad de Nueva York dedica a la protección de su propia infraestructura natural, los embalses de las montañas Catskill), seguiríamos teniendo que encontrar alrededor de 100 mil millones de dólares por año.

La movilización de capital a esa escala requiere asignar los riesgos adecuados a los inversores correctos. No es de sorprender que sea extremadamente escaso el capital disponible para inversiones con pocos antecedentes, una proyección incierta de ingresos futuros y marcos regulatorios que no han sido probados en la práctica. La clave para aumentar las inversiones en infraestructura natural será asegurar que en cada etapa sucesiva de crecimiento haya disponible una cantidad suficiente de capital de apoyo al riesgo que ella implique, y para lograrlo será necesario contar con una combinación adecuada de capital público, privado y filantrópico.

El sector público ha sido tradicionalmente el que pone capital, asumiendo el riesgo de “última instancia" en proyectos a gran escala y pagando gran parte de la infraestructura hídrica existente. Sin embargo, dadas las restricciones al crédito, muchas instituciones públicas no podrán financiar el desarrollo y despliegue de nuevas soluciones, en especial las que tienen que establecer un historial a escala sin tener garantizada una fuente de ingresos.

En principio, el capital privado (en particular las grandes cantidades de ahorros privados en los países de ingresos medios) podría financiar por sí solo nuevas combinaciones de soluciones de infraestructura naturales y artificiales. Pero se enfrenta a importantes costes de oportunidad, por lo que es improbable que los inversionistas escojan vehículos con los que tienen poca experiencia.

Eso deja al capital filantrópico, sea de fuentes públicas o privadas, como un componente clave de la fase de inversión inicial. La filantropía puede cumplir un papel importante en lo referente a asumir los riesgos que se corren cuando se establece el historial de las soluciones de infraestructura natural necesario para atraer mayores fuentes de capital público y privado.

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Si bien las soluciones a pequeña escala, como la excavación de pozos, seguirán siendo una parte importante de los esfuerzos para garantizar la seguridad hídrica, habrá que invertir cientos de miles de millones de dólares en infraestructura verdaderamente sostenible de gestión del agua, en particular en los países que están creciendo rápidamente en América Latina, Asia y África. El proceso de formulación de los ODS ofrece una oportunidad ideal de comenzar a describir ese rumbo.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen