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Llegar a un “Sí” con Irán

Hay un sabio dicho norteamericano: “Si estás en un pozo, deja de cavar”. Los seis gobiernos que actualmente están considerando los pasos a seguir para impedir que Irán desarrolle una bomba nuclear –los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y Alemania- deberían hacer caso a ese consejo. De lo contrario, podrían terminar sin ninguna ingerencia en el programa nuclear iraní y con una sola opción –de por sí inútil- entre manos, un ataque militar.

Sin embargo, los seis gobiernos parecen decididos a seguir adelante con lo que ha sido su estrategia hasta el momento. Su condición para negociar con Irán es la interrupción previa de sus actividades de enriquecimiento nuclear. Sólo a cambio de que Irán renuncie permanentemente al enriquecimiento, ellos ofrecerán importantes recompensas –desde levantar todas las sanciones y las restricciones comerciales hasta brindar garantías de seguridad.

Esta estrategia no ha funcionado y no funcionará. Bajo el Tratado de No Proliferación nuclear (TNP) del cual Irán sigue formando parte, los países tienen derecho a participar en el enriquecimiento de uranio para fines civiles, e Irán sostiene que esto es todo lo que quiere. Es verdad, la total interrupción por parte de Irán de su programa de enriquecimiento sería bienvenida, sobre todo porque su gobierno ocultó estas actividades durante casi dos décadas de los inspectores del Tratado, lo que sugiere otros motivos que los puramente civiles.

Pero la cuestión del enriquecimiento se ha convertido a tal punto en un símbolo de soberanía nacional en Irán que ningún gobierno allí, no sólo la actual administración Ajmadinejad, se volverá atrás. De hecho, cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas formalmente exigió que se interrumpiera el programa de enriquecimiento e impuso sanciones leves en diciembre pasado, la respuesta desafiante de Irán fue aumentar la actividad de enriquecimiento.