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Por una adecuada gestión migratoria

DHAKA – En la reunión de alto nivel de la Asamblea General de las Naciones Unidas del año pasado, los gobiernos del mundo prometieron cooperar para garantizar migraciones seguras, ordenadas, regulares y responsables. Este año deberán hacer más para cumplir esa promesa.

Los estados miembros de la ONU han reconocido los numerosos beneficios de las migraciones, entre ellos su papel en la estabilización del mercado mundial de mano de obra, la difusión de conocimiento e ideas, la creación de diásporas que estimulan el comercio internacional y las inversiones, y el apoyo que dan a las economías de todo el mundo por medio de remesas que pagan la atención médica, la educación y la vivienda de los familiares residentes en el país de origen.

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Pero cuando las migraciones no se manejan de manera responsable y cooperativa (como hemos visto en las crisis recientes del Mediterráneo, el mar de Andamán, el corredor centroamericano, el Sahel y el Cuerno de África), esos beneficios se desaprovechan.

Este año han muerto en el intento de llegar a destino más de 4300 migrantes. Sólo en el Mediterráneo perecieron 3200 personas; el mar de Andamán, al sudeste de la Bahía de Bengala, ha visto a miles de migrantes varados aguas adentro sin poder desembarcar o secuestrados por sus traficantes.

En este contexto, los gobiernos de los países miembros de la ONU deben reconocer la distancia que hay entre los ideales que expresaron el año pasado y la dura realidad a la que muchos migrantes y refugiados todavía se enfrentan. Algo que la dirigencia internacional puede corregir en la Asamblea General de este mes, y en particular, en la inédita reunión de alto nivel sobre refugiados y migrantes del día 19.

La dirigencia internacional debe comenzar renovando el compromiso con una mejora de la gestión global de las migraciones, y acordar la implementación de la propuesta hecha hace unos meses por el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, de celebrar en 2018 la primera conferencia intergubernamental de la historia para la adopción de un nuevo pacto migratorio mundial.

La mera posibilidad de que los países miembros de la ONU acuerden un nuevo pacto global es un hecho significativo. La comunidad internacional lleva demasiado tiempo sin lograr una gestión eficaz de las migraciones. La falta de instituciones de gobernanza mundial y marcos legales que guíen la cooperación internacional obliga a la mayoría de los países a apelar a medidas unilaterales en la gestión de sus flujos migratorios.

Cuando los estados no manejan las migraciones efectivamente, se crea un vacío que llenan actores inescrupulosos: contrabandistas, traficantes y mafias. Esto genera pérdidas a los países, a los migrantes y a las comunidades receptoras, ya que todos padecen los costos de las migraciones sin hacer realidad sus beneficios.

La ONU todavía no brinda un apoyo totalmente eficaz a esas tres partes mencionadas. Es necesario que los gobiernos de los países miembros acuerden principios universales que establezcan un marco internacional para la gestión migratoria; y la ONU misma debe hacer de esta gestión una de sus misiones centrales, en vez de repartir la tarea entre diversas agencias.

Felizmente, la Asamblea General decidió que la Organización Internacional para las Migraciones se integre al sistema de la ONU. Se espera que la OIM tenga un papel fundamental en el logro de una gestión migratoria más coherente y eficiente.

Mi país, Bangladesh, fue iniciador de la idea de un pacto global para la mejora de la gestión migratoria. Desde la presidencia del Foro Global sobre Migraciones y Desarrollo, Bangladesh se ha comprometido a garantizar que las lecciones aprendidas sirvan de guía para la definición de ese pacto. Pero para que esto no se agote en la firma de nuevos acuerdos que sólo reformulan o renegocian compromisos ya tomados, la dirigencia internacional debe actuar ya mismo para sentar las bases institucionales y legales que permitan convertir las propuestas previas en acciones concretas y seguir avanzando.

La cooperación internacional en materia migratoria debe basarse en los acuerdos intergubernamentales ya formulados, como la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, la Agenda de Acción de Addis Abeba de 2015, el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres de 2015 y la Declaración de Diálogo de alto Nivel sobre la Migración Internacional y el Desarrollo de 2013.

La migración es un fenómeno multidimensional, y demanda una respuesta integral que también respete las leyes y normas nacionales instituidas. Los gobiernos deben maximizar los beneficios económicos de las migraciones; facilitar canales legales para que los migrantes no elijan alternativas ilegales; reducir las barreras al empleo y al envío de remesas; controlar los flujos migratorios irregulares; y proteger la seguridad de los migrantes, especialmente en zonas de guerra o cuando las migraciones alcanzan niveles críticos, como ocurrió este año.

Los países y las organizaciones no gubernamentales deben mantenerse alertas contra la explotación de los migrantes, y los gobiernos deben asumir la responsabilidad de dar alojamiento a los refugiados. Y para seguir el veloz ritmo de cambio de las condiciones geopolíticas, la comunidad internacional debe analizar el establecimiento de nuevos mecanismos de cooperación para hacer frente a las migraciones y a los movimientos masivos de personas.

Por último, una gestión eficaz de las migraciones demanda marcos institucionales y legales capaces de compatibilizar objetivos a veces contradictorios. Por ejemplo, hay que sopesar, por un lado, el interés nacional de los países en preservar su soberanía, controlar sus fronteras y hacer valer sus leyes, y por el otro, los derechos humanos de los migrantes, su deseo legítimo de mejorar sus vidas, y la necesidad de inmigrantes y mayor diversidad que tienen las sociedades receptoras.

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Una respuesta conjunta a todas estas inquietudes permitirá a la comunidad internacional sostener el principio de prosperidad compartida por medio de la responsabilidad compartida, elemento central de la agenda de desarrollo sostenible de la ONU para 2030. Llegó la hora de que el mundo empiece a transitar una nueva senda de cooperación constructiva, en vez del camino de unilateralismo destructivo del populismo. Sólo debemos reconocer que las migraciones nos benefician a todos, para maximizar las ganancias y minimizar el sufrimiento.

Traducción: Esteban Flamini