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La importancia de abordar correctamente la capacidad de gobierno

CAMBRIDGE – Los economistas solían decirles a los gobiernos que corrigieran sus políticas. Ahora les recetan que arreglen sus instituciones. Su nuevo programa de reformas abarca una larga lista de objetivos que incluyen la reducción de la corrupción, el mejoramiento del imperio de la ley, aumentar la responsabilidad y eficacia de las instituciones públicas y mejorar el acceso y la expresión de los ciudadanos. Supuestamente, un cambio real y sostenible sólo es posible si se transforman las “reglas del juego”, es decir, la manera en que los gobiernos funcionan y se relacionan con el sector privado.

Por supuesto, el buen gobierno es algo esencial en tanto que da a los hogares una mayor claridad y a los inversionistas una mayor seguridad de que sus esfuerzos se verán recompensados. Poner énfasis en la capacidad de gobierno también tiene la aparente virtud de ayudar a desplazar el énfasis de las reformas hacia objetivos intrínsecamente deseables. Las recomendaciones tradicionales como el libre comercio, los tipos de cambio competitivos y las políticas fiscales sólidas merecen la pena sólo en la medida que permiten lograr otros objetivos deseables, como un crecimiento económico más rápido, menor pobreza y más igualdad.

En contraste, es evidente la importancia intrínseca del imperio de la ley, la transparencia, la expresión de los ciudadanos, la responsabilidad o un gobierno eficaz. Incluso podríamos decir que una buena capacidad de gobierno es desarrollo en si mismo.

Lamentablemente, gran parte del debate en torno a las reformas para mejorar la capacidad de gobierno no distingue entre el gobierno como fin y el gobierno como medio. El resultado es un pensamiento embrollado y estrategias de reforma inadecuadas.