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La desviación de Alemania respecto de Europa

BERLÍN – “¿Qué le ocurre a Alemania?”, se pregunta con frecuencia cada vez mayor a uno y otro lado del Atlántico. Sin embargo, en Berlín nadie parece entender la pregunta.

Las dudas sobre el papel de Alemania tienen mucho que ver con la actual crisis financiera y económica y también con la debilidad de la Unión Europea y sus instituciones. Desde que fracasaron los referéndums sobre la constitución europea y sobre el tratado de Lisboa, la UE ha estado funcionando con el piloto automático, dirigida por sus burócratas. Con veintisiete miembros y sin reforma de las instituciones y los procedimientos, los procesos de la UE se han vuelto angustiosamente ineficientes.

Las crisis son también momentos de la verdad siempre, porque exponen implacablemente los puntos fuertes y los débiles de todos los participantes afectados. Por esa razón, lo que Europa necesita ahora no es la dirección de una Comisión de la UE débil ni de ninguna otra institución europea, sino de las capitales de sus más importantes países miembros.

Como siempre que están en juego asuntos económicos y financieros importantes, se mira a Alemania, la mayor economía de la UE, pero lo que se ve confunde, porque Alemania se está negando claramente a dirigir.