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Reformas para el Retroceso en Alemania

CAMBRIDGE: Una economía exitosa necesita bastante competencia y flexibilidad. Pero, atractivas como suenan, la competencia y la flexibilidad tienen sus enemigos. Tener competencia significa que la sociedad tiene ganadores y perdedores económicos, y todos se sienten presionados a lograr buenos resultados; tener flexibilidad significa que el status quo no está labrado en piedra. En efecto, el status quo puede tirarse por la ventana en cualquier momento.

Estados Unidos (EU) adoptó la flexibilidad y la competencia con una venganza. Los resultados son un empleo floreciente, un boom accionario de una década y altas tazas de innovación y mejoras de la productividad. Para algunos observadores, sin embargo, el lento ritmo que ahora lleva EU pone en duda esos resultados. Pero esta ansia por declarar al modelo estadounidense en bacarrota es por completo errónea.

Miren al modelo europeo: atado al status quo, no hagan alboroto, consejos laboristas, Mitbestimmung, sindicatos y miles de desempleados bien pagados. Los ingeniosos gobiernos izquierdistas parlamentan con un público muy cómodo, uno que está lejos de demandar una revolución. La pobre actuación del sector oferta europeo no tiene nada que ver con el desempeño, sin duda, sino con una decisión política. No hay que equivocarse: Europa es rica y está a gusto; Europa no aceptaría nada distinto.

Consideremos el extraordinario ejemplo del mercado laboral alemán. La semana laboral francesa de 35 horas, introducida hace algunos años, fue un éxito político. Los holandeses, que fueron pioneros en la aplicación de iniciativas en el frente del trabajo de medio tiempo, también ganaron elogios políticos por sus esfuerzos. Entonces, ¿por qué no intentar algo del estilo en Alemania?, se preguntaron los políticos socialdemócratas.