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¿El repliegue de la alfombra de bienvenida alemana?

BERLÍN – Este ha sido el verano del descontento de Berlín. Hace exactamente un año, la recta decisión de la Canciller Ángela Merkel de abrir las fronteras de Alemania a los refugiados que se encontraban varados en Hungría impresionó a millones de personas en todo el mundo. Al ver a alemanes comunes y corrientes que acudían en masa a las estaciones de tren y puestos fronterizos para dar la bienvenida a gente que buscaba refugio de la guerra, el sufrimiento y la miseria, la “Cultura de la bienvenida” de Alemania fue para muchos un ejemplo de humanitarismo realmente inspirador.

Ha pasado un año y la marea ha cambiado de dirección (sobre todo, para Merkel, que lleva ya 11 años en el cargo). Su lema “Wir schaffen das” (“Lo podemos hacer”) inspiró a miles de voluntarios a abrir sus corazones (y, a menudo, sus hogares) a los refugiados. Sin embargo, hoy su resuelto optimismo se enfrenta a un fuerte contragolpe político.

Las elecciones del domingo en el estado originario de Merkel, Mecklemburgo-Pomerania Occidental (que muchos veían como una muestra de cara a las elecciones generales de septiembre de 2017) resultó siendo devastadora para su Unión Demócrata Cristiana (CDU). Si bien todos los partidos políticos tradicionales sufrieron importantes pérdidas, el ultraderechista Alternative für Deutschland (AfD) acabó en el segundo lugar, con un inaudito 21% de los votos que relegó a la CDU al tercer lugar.

El resultado de Mecklenburg no es aislado. En marzo, la AfD, fundada en 2013 como un partido euroescéptico crítico al rescate de Grecia, remeció al país al acabar segundo o tercero en las elecciones regionales de tres estados alemanes. La posición alemana ante la crisis de los refugiados ha convertido a la AfD en un acérrimo movimiento antiinmigración y antimusulmán que recibe el apoyo de votantes desilusionados de todo el espectro político.