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Alemania, el G20 y la globalización inclusiva

BERLÍN – En el mundo occidental la globalización tiene cada vez peor prensa. Los movimientos populistas alegan que no beneficia mucho al ciudadano medio, si es que lo hace. En cambio, defienden el proteccionismo y el unilateralismo. Con respecto a la regulación comercial o financiera, las políticas nacionales son vistas como el camino más seguro para restablecer la grandeza nacional.

Pero esta agenda populista se basa en la premisa profundamente errónea de que la cooperación internacional y el comercio internacional son juegos de suma cero, produciendo solo ganadores y perdedores. De hecho, la cooperación y el comercio pueden ofrecer beneficios a todos los países. Desde hace muchos años, han aumentado la seguridad mundial y ciertamente la prosperidad global, permitiendo que cientos de millones de personas salgan de la pobreza, tanto en el mundo desarrollado como en el en desarrollo.

Sin duda, la globalización necesita reglas y un marco reconocido para asegurar que beneficie a todos, proporcionando un crecimiento económico sostenido e incluyente. Al igual que con la legislación nacional, es un marco que requiere ajustes constantes. Pero abandonarla por completo y alejarse de la globalización es la respuesta equivocada. Por el contrario, debemos buscar formas de profundizar y ampliar la cooperación económica internacional.


En mi opinión, el G20 es el mejor foro para una cooperación más amplia e incluyente. Por supuesto, el G20 no es perfecto, pero es la mejor institución que tenemos para lograr una forma de globalización que funcione para todos. A través de él, los principales países industrializados y emergentes del mundo han trabajado juntos para construir un orden mundial compartido que pueda proporcionar una prosperidad cada vez mayor. De hecho, el G20 es la columna vertebral política de la arquitectura financiera global que asegura mercados abiertos, flujos de capital ordenados y una red de seguridad para los países en dificultades.