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El fin de “Alemania en la cima” y el regreso de Francia

LONDRES – A primera vista, el resultado de las elecciones al Parlamento Europeo celebradas en mayo, y la posterior nominación del nuevo equipo de líderes de la Unión Europea, auguran continuidad y no interrupción para el bloque. Los partidos nacionalistas no lograron ningún avance significativo en las elecciones, y posteriormente las grandes potencias del status quo escogieron cuidadosamente federalistas para que ocupen los principales puestos de trabajo en la UE. En especial, la selección de Úrsula von der Leyen para que sea la próxima presidenta de la Comisión Europea – lo que la convierte en la primera persona de nacionalidad alemana en ocupar dicho cargo en medio siglo – aparentemente confirmaba el predominio continuado de Alemania en Europa.

Sin embargo, las corrientes subterráneas con frecuencia divergen del flujo superficial. La historia sugiere que quienes tienen hegemonía a menudo asumen un liderazgo formal a medida que su poder se desvanece, no cuando dicho poder está fortaleciéndose. Hoy en día, varios factores amenazan el estatus de Alemania como el país mandamás en la UE – y Francia es el principal beneficiario de esta situación.

Hasta ahora, el predominio alemán se ha basado en dos pilares principales: el primero, las aparentemente permanentes garantías de defensa estadounidenses, y el segundo, las empresas manufactureras alemanas líderes en el mundo y su cuantiosa posición como acreedores netos. Sin embargo, a medida que estas bases comienzan a desmoronarse, la era de “Alemania en la cima” puede estar pasando.

Una razón para esto es la prevalencia de tasas de interés ultra bajas a nivel mundial, y particularmente en la eurozona, que se reflejan en el hecho de que los bonos a diez años italianos e incluso los griegos recientemente han estado rindiendo menos que sus equivalentes estadounidenses. Dichas primas de riesgo decrecientes implican que el riesgo de otra crisis de deuda soberana de la eurozona está disminuyendo. Esto, a su vez, está debilitando la influencia “semiblanda” que Alemania ha mantenido sobre la eurozona mediante su ofrecimiento de apoyo financiero a cambio de austeridad fiscal y reforma estructural.

Además, el equilibrio del poder político dentro de la UE está cambiando una vez más. Lo más importante, el Brexit – a pesar no haberse llevado a cabo aún – está ayudando a que Francia retome su papel previo al año 1990 como el país del bloque con el voto decisivo.

En aquellos años, Alemania Occidental, Italia y España generalmente favorecían una mayor integración de la UE; Gran Bretaña estaba en contra; y Francia era quien tenía el voto decisivo. Esto explica el modus operandi de la “locomotora” franco-alemana: debido a que las principales iniciativas de la UE dependían de un acuerdo entre los dos países, Francia podía elegir el camino para la integración europea que mejor se adaptara a sus propios intereses nacionales.

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La reunificación alemana y la crisis de la eurozona cambiaron esto. Gran Bretaña se tornó cada vez más euroescéptica, rechazando la unión política y fiscal que consideraba esencial para el euro, pero políticamente inaceptable para sí misma. Mientras tanto, Francia en dicho momento, iba tras la consecución de un “gobierno económico” federalista. Como resultado, Alemania se convirtió en el país con el voto decisivo y, a menudo, se opuso a una integración más profunda de la UE, aparentemente para evitar una división entre los Estados miembros de la eurozona y aquellos no pertenecientes a la eurozona (incluido entre ellos el Reino Unido). De hecho, a menudo la principal preocupación de Alemania fue proteger sus propios intereses financieros y aquellos de otros Estados acreedores situados en el norte de Europa. Sin embargo, el Brexit restaurará el antiguo orden previo al año 1990, situando a Francia en el medio.

Además, las fricciones relativas al comercio internacional, el cambio a la energía verde, la llamada Cuarta Revolución Industrial y las crecientes tensiones geopolíticas amenazan con interrumpir el modelo alemán de crecimiento impulsado por las exportaciones. De hecho, la economía alemana podría enfrentar una recesión este año a medida que se debiliten sus exportaciones e inversiones manufactureras.

La industria alemana se enfrenta a numerosos desafíos, además de confrontar la debacle en curso relativa a las emisiones causadas por el diésel. El crecimiento de los vehículos eléctricos y autónomos, el uso de automóviles en una economía de trabajos esporádicos, la actividad con gran cantidad de datos, y las impresiones 3D perturbarán profundamente una economía cuya ventaja competitiva radica en las destrezas y la ingeniería de precisión.

Las cosas son aún peores para Alemania cuando se trata de poder duro. En estos días, los miembros de la UE con fuertes capacidades militares ejercen un “poder premium”, debido a las intervenciones extranjeras en serie del presidente ruso Vladimir Putin y las crecientes dudas sobre el compromiso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con la seguridad colectiva europea (y, por lo tanto, la seguridad alemana). Esto es particularmente cierto en el caso de Francia, país que tiene fuerzas militares convencionales y nucleares eficientes, así como una ubicación estratégica ventajosa, ya que Polonia y Alemania la separan de Rusia.

En el contexto de la UE, cada uno de estos factores representa un cambio importante; al combinarlos, podrían ser transformadores. Ahora Francia está destinada a convertirse en la piedra angular sobre la cual girará la integración de la UE – y, por lo tanto, cualquier futuro renacimiento geopolítico o económico del bloque. En la actualidad, el gobierno francés está encontrando formas para equilibrar los problemas internos con la integración de la eurozona, la política climática (incluida la gestión de la reacción violenta de los “chalecos amarillos”) y poner freno al poder que tienen los gigantes tecnológicos estadounidenses.

Además, el país es “semifundamental” – posicionado políticamente entre los acreedores “fundamentales” (especialmente Alemania y los Países Bajos) que exigen un mayor ajuste fiscal, reforma y reembolso de deudas, y los llamados deudores Club Med (Portugal, Italia, Grecia y España), que quieren recibir transferencias fiscales. Esto significa que Francia es fundamental para la banca, los mercados de capitales y otros “sindicatos” en la agenda para la reforma de la eurozona.

Finalmente, Francia tiene una larga historia de política estatista y no tiene un enorme superávit comercial con el resto del mundo. Al estar en tal situación, puede que Francia sea capaz de defender mejor sus propios intereses y aquellos de la UE en comparación con la defensa que podría llevar a cabo Alemania, en medio de un mundo de guerras comerciales y barreras a la inversión, en el cual las fuerzas del mercado se encuentran subordinadas al poder de los gobiernos.

Europa funciona mejor, como dice el viejo chiste, cuando los rusos están afuera, los alemanes abajo y los estadounidenses adentro. El nuevo orden europeo de hoy sitúa a los rusos arriba, a los alemanes en descenso, a los estadounidenses potencialmente retirándose, a los británicos luchando para llegar al Brexit – y a Francia en ascenso. Con el mundo en constante movimiento, la más reciente evolución de los acontecimientos debería constituirse en una buena noticia para la estabilidad y la cohesión de la eurozona y, consiguientemente, para la estabilidad y cohesión de Europa y el mundo en su conjunto.

Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos

https://prosyn.org/iqpfInr/es;
  1. bildt69_DELIL SOULEIMANAFP via Getty Images_syriansoldiermissilegun Delil Souleiman/AFP/Getty Images

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