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Georgia divide al Kremlin

MOSCU – Dmitry Medvedev heredó el cargo de presidente de la Federación Rusa de Vladimir Putin, y mientras que Putin descendió un peldaño para convertirse en primer ministro, desde el principio de la presidencia de Medvedev abundaron las especulaciones sobre una eventual división entre los dos líderes más encumbrados de Rusia. Los primeros días del conflicto en Georgia derribaron esta hipótesis.

De hecho, Putin y Medvedev trabajaron en un perfecto tándem con respecto a Georgia, cooperando y ejerciendo hábilmente sus roles diferentes, con Putin en el papel principal del dios que amenaza con un ajuste de cuentas ruso y Medvedev en el papel secundario de un posible defensor humanitario de la paz.

Pero la crisis de Georgia reveló una nueva fuerza estratégica en el Kremlin que se opone tanto a Putin como a Medvedev. Todavía no podemos nombrar a sus actores, pero somos conscientes de sus intereses y el impacto en los acontecimientos de la misma manera que los astrónomos disciernen un planeta nuevo pero invisible registrando su impacto en objetos conocidos y visibles en el espacio.

Un indicio de que algo nuevo está afectando la política rusa lo ofrecen aquellos expertos leales del Kremlin conocidos por su don para adivinar inconfundiblemente los ánimos cambiantes de sus amos. Uno tras otro, aparecieron por televisión y por radio para denunciar a los “provocadores”, a quienes no se atreven a nombrar, por “planear la incursión de las tropas rusas hasta Tbilisi y el establecimiento allí de un gobierno pro-ruso”.