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La misión de Europa en Oriente Próximo

LONDRES – La actitud de retirada gradual de Estados Unidos en Oriente Próximo está aumentando la presión sobre Europa para que ayude a impulsar el proceso de paz en la región. Casi resulta más fácil preguntar lo que debería evitar que lo que debería hacer, si se tienen en cuenta las complejas y enconadas guerras que amenazan con provocar el colapso de estados como Siria e Irak, y el hecho de que la solución al larguísimo conflicto entre Israel y Palestina parece más lejana que nunca.

El punto de partida ha de ser un principio sencillo y fundamental: Europa no debe ponerse del lado de ninguno de los bandos. La situación podría volverse mucho más peligrosa si se permite que los preconceptos o las reacciones emocionales hagan sombra a los hechos.

Pensemos en la lucha sectaria entre los musulmanes sunníes y chiíes, que en la actualidad es el principal detonante de los acontecimientos en Oriente Próximo. Alimentado por la retórica religiosa y una historia sangrienta, el conflicto engendra niveles de pasión e irracionalidad difíciles de moderar. Son oportunas  las siguientes palabras: “Donde arden las llamas de la fe, la diosa de la razón sale de puntillas y en silencio de la habitación”.

De manera similar, en lo referente al conflicto palestino-israelí Europa debe reconocer que ambos lados tienen la sensibilidad a flor de piel. Si se enfrentan a críticas que consideren injustas, recurrirán al tipo de virulencia que tantas veces ha llevado al fracaso los intentos por lograr un acuerdo.